jueves, 22 de marzo de 2018

EL SENDERO DEL TIGRE





CAPITULO I
Un nuevo oponente ha llegado.


El hombre cayó al suelo inconsciente, las gotas de sudor se agitaban violentamente mientras el hombre dejaba de moverse, la sangre salpicaba los pies vendados de su gigantesco oponente.
Inmediatamente la multitud enloqueció eufórica, sedienta de sangre. La gente lo llamaban “rey”, “emperador” pero realmente lo consideraban algo más.

Y él lo disfrutaba ¿y porque no habría de hacerlo? Era realmente invencible.
Los paramédicos entraron al improvisado ring para atender al hombre en el suelo, pero ya no podían hacer nada, el hombre estaba muerto.

- ¡Sagat! ¡Sagat! ¡Sagat!

Rugió aún más fuerte la muchedumbre.
Sagat observaba como se llevaban el cuerpo sin vida de su oponente y no pudo evitar pensar que había llegado realmente a la cima. Pronto llegaría otro oponente, de seguro sería considerado el más fuerte de su tierra, pero nunca había estado en Tailandia, nunca estaría preparado para enfrentarse al rey del Muay thai, empezaría el combate, Sagat al principio lo mediría, lo probaría, exactamente de la misma forma en que un gran felino juega con su presa antes de matarla, porque eso era exactamente Sagat: un depredador. Y cuando el depredador se haya aburrido asestaría el golpe final.
A Sagat no le preocuparía si el rodillazo fue mortal o no, porque después vendría otro combatiente, otro hombre que seguramente era el más fuerte de su tierra.
El nuevo oponente cayó al suelo, tenía las costillas rotas, pero aún estaba vivo. Los paramédicos se lo llevaron rápidamente mientras gritaba de agonía.
Apenas unas cuantas gotas de sudor resbalaron por su frente hasta llegar al parche que tenía en su dañado ojo derecho, esto era apenas un calentamiento para Sagat, su ejercicio favorito. Y Sagat reía mientras la multitud lo ovacionaba.

El siguiente retador llego…

Un pequeño karateka japonés.
Sagat miro hacia abajo para ver apenas su rostro, el niño no debía medir más de 1.70, su retadora mirada denotaba una inmensa determinación, una gran fuerza de voluntad. Sus puños se abrían y se cerraban, preparándose para el combate.

El rey del Muay thai empezó a reír cuando el joven luchador entro a la sala junto al improvisado ring –que consistía únicamente en una plancha de madera con forma de cuadrado- en medio de la instalación secreta donde se estaba desarrollando la final de este torneo mundial.

- ¡Un nuevo oponente ha llegado!

Gritaba el anunciador mientras un par de camarógrafos, camuflados en la multitud lo enfocaban.

-Su nombre es Ryu y está aquí para desafiar a.... ¡Sagat, el rey del Muay thai!

La multitud enloqueció completamente, coreaban el nombre de Sagat con la misma fuerza que abucheaban al joven japonés.
Sagat pidió que le cambiaran las vendas de sus puños por unas nuevas, unas que no estuvieran manchadas con sangre.
Ryu dejo en el suelo una improvisada bolsa de lona que cargaba en su espalda amarrada con un cordel, y de ella saco un par de guantes mma de color rojos, se los coloco con una inmensa concentración e inmediatamente después amarro con más fuerza la cinta blanca que tenía en la frente, al igual que la cinta negra en su cintura que sujetaba con fuerza su keikogi.

Una vez que Sagat tuvo listas las cintas tanto en sus puños como en sus pies, y con su atuendo típico de Muay thai –unos shorts azules con 2 pequeñas franjas blancas verticales en el costado- avanzo hacia el ring donde Ryu ya lo estaba esperando.
Sagat miraba fijamente hacia su oponente mientras avanzaba lentamente por los bordes de la plataforma de madera, quien, inmóvil, le devolvía la miraba mientras cerraba los puños una última vez antes de preparar su posición de combate.

La lucha ya había comenzado, pero no iniciaba con violencia, ninguna batalla real iniciaba de esa manera, incluso en la naturaleza, los depredadores entablan una conversación silenciosa únicamente a través de sus miradas, para medirse y probarse, para saber de qué es capaz su adversario, si decidirá valorar su vida y huir o quedarse para dar comienzo al violento espectáculo.
Es en estos momentos cuando a la primera debilidad, la más mínima señal, uno de los depredadores atacara buscando atacar los puntos clave para que la lucha dure el menor tiempo posible.

Pero hasta ahí llegaba la similitud con Sagat.
El deseaba extender la lucha lo más que se pudiese, deseaba sentir la emoción de la batalla, la adrenalina corriendo por su sangre, por esa razón había movido sus influencias para organizar este torneo mundial, donde se mediría con los guerreros del mundo, con los luchadores callejeros, para demostrar que más que un rey, más que un emperador, el seria el dios del Muay thai.
Sagat ataco con la velocidad y fiereza de un tigre.

Lanzo una poderosa patada, pero su oponente ya no estaba allí. Ryu giro sobre sí mismo para evitar la patada y se colocó a espaldas de Sagat, pero no lo ataco, se limitó a observarlo, sin perder su ritmo.
Lo estaba midiendo. Ese pequeño desgraciado se sentía el depredador. Eso era inaceptable para el rey del Muay thai.
Sagat bufo, bajo la guardia y camino alrededor de Ryu llegando al mismo punto, donde su oponente seguía esperándolo.

Ciertamente iba a ser un combate memorable.
Sagat probo con otra patada que Ryu bloqueo sin problemas con sus antebrazos, avanzo rápidamente hacia él y lo tomo del keikogi, lanzándolo por los aires. Ryu giro sobre sí mismo y logro caer de pie, pero inmediatamente Sagat se lanzó sobre el tomándolo por sorpresa y golpeándolo en el estómago con sus largas piernas.
Ryu cayo de rodillas y Sagat aprovecho para patearlo y su cuerpo fue lanzado como un muñeco al borde del ring.
La multitud se emocionó al ver a su héroe triunfar, pero Sagat se sentía decepcionado, el combate fue mucho más aburrido de lo que esperaba.
Justo cuando se preparaba para dar media vuelta el joven japonés se levantó, sacudió la cabeza y levanto sus brazos, uno en posición de defensa y el otro en posición de ataque.

Sagat esbozo una ligera sonrisa, flexiono sus rodillas y alzo los puños justo a la altura de su rostro, la posición clásica de combate en el Muay thai.
Una vez más se abalanzó sobre Ryu, pero este lo sorprendió con una patada voladora que impacto en pleno rostro, Sagat perdió el equilibrio, pero el gigante logro apoyarse sobre una rodilla y sin perder el tiempo logro ejecutar un gancho que tomo por sorpresa al luchador japonés.

Sagat se levantó de un brinco y siguió golpeando a Ryu, quien apenas podía protegerse de los poderosos golpes.
Sagat tenía la ventaja. Pero aun así seguía con la lluvia de puñetazos.
Ryu hábilmente logro sujetar el puño de Sagat y aplicando una llave de judo, uso la fuerza del gigante en su contra y lo lanzo por los aires.
Sorprendentemente Sagat era más que fuerza física, y en una muestra de agilidad imposible logro girar sobre sí mismo y cayo de pie, pero se dio cuenta que su oponente le devolvió la misma táctica que había empleado con él. Ryu se lanzó con una patada voladora que se repitió increíblemente 3 veces en el aire. Sagat cayó al suelo sorprendido por el ataque, pero se necesitaba mucho más para derrotarlo.
Sagat se levantó y efectuó una finta: fingió dar una patada, pero en lugar de eso dio un salto para dar un puñetazo aéreo. Ryu entró de lleno en el engaño y el poderoso puño impacto en su rostro, dejándolo vulnerable al mortal rodillazo de Sagat.
Era el fin de la pelea.
O al menos eso pensaba Sagat. Contra todo pronóstico Ryu se levantó, su cinta blanca ahora presentaba manchones color rojo oscuro.
La sangre le escurría por la frente, pero su mirada denotaba que no tenía la más mínima intención de rendirse.
Sagat disfrutaba impartir dolor a sus oponentes, pero ahora estaba ligeramente impresionado por la resistencia del joven, pero era tiempo de acabarlo definitivamente.
Se lanzó sobre el buscando impactar con un segundo rodillazo tigre –como lo había bautizado el público- cuando Ryu junto sus manos hacia su costado, creando una esfera de energía que rápidamente lanzo directo a Sagat, quien se encontraba a unos pocos centímetros de él.

- ¡Hadoken!

Grito Ryu mientras Sagat, por el impacto de la bola de fuego, era lanzado hacia el otro lado del ring.
El gigante tailandés nunca se había sentido así, no por el dolor, sino por la humillación de verse derrotado. Ahora ya no le parecía divertido. Donde quiera que el chico haya aprendido esa técnica, no era única, como estaba a punto de averiguarlo. Se levantó con dificultad, tratando de recuperar el aire, Ryu vio la oportunidad para terminar el combate y dirigiéndose a él dio un salto para acabar con su oponente, pero Sagat tenía un as bajo la manga.

Centímetros antes de ser golpeado por Ryu, dio un enorme respiro, lanzo sus puños hacia atrás, cada uno de ellos se ilumino con una potente energía, similar a la lanzada por el japonés momentos antes, y violentamente lanzo sus puños frente a él impactando por completo.
Ryu cayo y esta vez ya no se levantó.
La multitud, que por un momento guardo silencio al pensar en la derrota de su héroe, ahora gritaba de pie.

- ¡Tiger shot! ¡El proyectil de energía de Sagat! ¡Tiger shot!

Sagat había triunfado, pero no estaba satisfecho, si Ryu seguía vivo debía castigarlo, no por desafiarlo, sino por estar cerca de derrotarlo públicamente.
Sagat se acercó al cuerpo de su oponente, todavía respiraba. Bien. Debía sentir el castigo por enfrentar al rey, Lo tomo por la cabeza con su enorme mano, dio una breve carcajada al ver como colgaba indefenso y soltó un rodillazo en su tórax, pero Ryu reacciono instintivamente y no solo detuvo el impacto, sino que se liberó del agarre del gigante.

Sagat estaba sorprendido, el combate aun no acababa ¿Qué se necesitaba para derrotarlo? Cansado, golpeado y sangrando parecía no detenerse. Era como él, un espíritu incansable que solo deseaba la victoria a toda costa… aun si eso incluía la muerte del rival.
Sagat ataco nuevamente con su rodillazo tigre, no había suficiente espacio para que Ryu lo esquivara, ni para la bola de fuego. Aun si se cubría del impacto, este llegaría a ser mortal. No había escapatoria.

Los segundos parecían detenerse, Sagat ya estaba saboreando la victoria, pero Ryu parecía extrañamente relajado, como si no estuviera realmente allí.
No dio indicios de intentar escapar o de realizar su poderoso Hadoken, sino que efectuó una técnica que Sagat nunca había percibido antes.

El joven peleador japonés se inclinó un poco, apretó con fuerza su puño y ataco con un relampagueante movimiento que lo impulso por el aire.

- ¡Shoryuken!

Grito mientras impactaba directamente en el pecho de Sagat. El golpe fue tan violento que rompió la piel de su oponente, haciendo que la sangre saltara dramáticamente.

El público no lo podía creer, había pasado de gritar el nombre del gigante del Muay thai a un sepulcral silencio. Todos habían callado y no sabían que hacer, ni siquiera los paramédicos se podían mover debido a la impresión.
Sagat estaba en el suelo, inconsciente, cubierto de su propia sangre, el parche había saltado develando la cuenca vacía de su ojo derecho, mientras todos los espectadores miraban la recién formada cicatriz que cubría todo su pecho de forma ascendente.

Todos menos Ryu. Él ya se había marchado.

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