viernes, 30 de marzo de 2018

El sendero del tigre capitulo 3


CAPITULO III

El soplido del tigre


Los dos hombres estaban preparados para el mortal combate, separados únicamente por un par de metros. Sagat tenía un temple imperturbable, analizaba a su oponente con la mirada, atrás habían quedado los días del gran felino que jugaba con su presa. Era un hombre que necesitaba recuperar su honor, aunque sea de forma gradual.
Por el contrario, su oponente, el hombre del keikogi rosa era un mar de emociones, y Sagat lo sabía sin necesidad de ver su rostro, su cuerpo estaba tenso, como un perro rabioso, impredecible como el animal acorralado.

No quería arriesgarse a otra humillante derrota, debía dar por hecho que este nuevo peleador era tan poderoso como lo fue Ryu… pero el desconocido decía que lo conocía. Sagat ejercitaba su mente mientras esperaba el ataque de su enemigo.

-Recordaras el nombre de Dan Hibiki hasta que mueras, y hoy, yo seré tu verdugo, ¡Lo juro por mi padre!

-Quizá debas unirte a él en la muerte…

Dan enfureció con el comentario y se lanzó al ataque, con una patada voladora. Sagat esquivo fácilmente el desorganizado ataque, Dan dio vuelta y lo golpeo violentamente, pero Sagat ya tenía lista su defensa y contrataco con una patada en el abdomen de Dan.

-Maldito…

Planeaba aprovechar el impacto para tomar la ventaja en el combate, pero Dan se levantó y se preparó para lanzar un poderoso proyectil de energía. Sagat ya había visto antes el hadoken de Ryu. En verdad usaban técnicas similares.
Sagat se paró firmemente en el suelo y se cubrió cuando vio la bola de fuego azul dirigirse hacia su persona… pero esta se desvaneció instantes antes de siquiera tocarlo.

- ¡Noooo!

Grito Dan encolerizado, pero era ya muy tarde, Sagat planeaba ejecutar el nuevo ataque que había preparado, “el soplido del tigre” era un poderoso puñetazo que se proyectaba hacia el cielo con un gran salto del gigante tailandés, golpeando abdomen, quijada y rostro del oponente lanzándolo por los aires.
Dan cayo estruendosamente y no volvió a levantarse.

-Una pérdida de mi tiempo.

Decía para sus adentros Sagat mientras salía del bosque.
Una vez a las afueras, en la planicie, el helicóptero clase militar V22 ilumino el sitio donde se encontraba Sagat antes de poder aterrizar. Era una formidable maquina voladora. A diferencia de otros helicópteros este tenía dos alas situadas en la parte superior del fuselaje, unidos por una góndola, cada ala terminaba con un enorme motor de turbo eje que contaba con una poderosa hélice. En la cola contaba con dos estabilizadores que hacían de la apariencia de la aeronave un hibrido entre avión y helicóptero.

Este poderoso vehículo militar no era el único que tenía Shadaloo a su disposición, tenían una amplia variedad de aeronaves como el helicóptero Boeing AH-64 Apache, una aeronave diseñado exclusivamente para la guerra, con una bi-plaza y una impresionante variedad de armamento como una torreta automática, cohetes, misiles antitanques, misiles antirradar y misiles antiaéreos… un verdadero tanque volador, o el avión privado de Bison. Un Jet VTOL (despegue y aterrizaje vertical, por sus siglas en inglés) completamente negro, con una elegante forma triangular. Sus poderosos motores le permitían ascender y aterrizar como un helicóptero, al mismo tiempo que podía realizar largos vuelos trasatlánticos.

Una vez dentro del helicóptero v22, Sagat meditaba tranquilamente durante el camino de regreso… Hibiki.

Hace años había combatido a un hombre… Go Hibiki. Un viejo que vestía un keikogi naranja, sandalias de madera y portaba una estúpida mascara tengu.

En esa época había reportes de un hombre japonés que combatía a hombres de Shadaloo en Hong Kong, al principio era una molestia menor, pero esa molestia se convirtió en un problema considerable rápidamente, a tal grado que Bison considero pertinente enviar a Sagat, quien descubrió que Go se ubicaba en un dojo. Go parecía un oponente digno, ya que salió al encuentro del gigante. Al parecer lo conocía por su reputación de campeón del Muay thai.

La batalla entre ellos no fue tan larga. Go atacaba rápidamente, pero le faltaba poder, Sagat rápidamente tomo la ventaja contra el viejo usando su mortal “rodillazo tigre”, quien cayó al suelo herido. Sagat le reprochaba por haberse metido en el camino de Shadaloo mientras el otro hombre se levantaba para continuar el combate. Go ataco furiosamente, pero fue recibido por los puños de Sagat. Quizá antes fue capaz de vencer sin esfuerzo a simples secuaces, pero ahora enfrentaba al todavía Rey del Muay thai.

Sagat ataco sin remordimientos y lanzo una poderosa patada al rostro de su oponente. La máscara que portaba se partió en dos revelando su verdadero rostro: un viejo de unos 70 años, cabello cano y un abundante bigote que sobrepasaba las comisuras de sus labios, además de una gran nariz y cejas abundantes.

Sagat estaba satisfecho por la pelea, y quizá al ver que su oponente era un viejo sintió un exceso de confianza. En un desesperado intento Go Hibiki lanzo una patada al rostro de Sagat, quien se ladeo a la derecha para esquivarla, pero era solo una finta. Inmediatamente Go retraso su pierna, dio una media vuelta y golpeo con todas sus fuerzas el rostro de Sagat con su puño. Sagat se encontraba en movimiento por lo que el mortífero puñetazo no dio de lleno en su rostro… solo en su ojo derecho.
El puño de Hibiki se llenó de sangre, al igual que el rostro de Sagat, quien llevo sus manos a la ahora cuenca vacía en donde apenas segundos, estaba su ojo.

Hibiki vio el sufrimiento de su oponente, pero no podía mostrar piedad, era un peligroso criminal y debía caer. Se preparó para efectuar de nueva cuenta el mortal golpe cuando Sagat reprimió todo dolor que estaba sintiendo y dejando salir toda su furia preparo su proyectil de energía, el más poderoso que jamás hubiera lanzado.
El enérgico proyectil tigre atravesó a Hibiki, quien cayó de rodillas y finalmente colapso al suelo. Había muerto antes de tocar el piso.

-Sujétate campeón, ya hemos llegado a la base.

Reportaba el piloto de la aeronave, sacando a Sagat inmediatamente de sus recuerdos.
El hombre que acababa de enfrentar en Japón era, sin duda alguna, hijo de Go Hibiki. Sagat recordaba a alguien corriendo a abrazar el cuerpo sin vida de Go, pero no le había puesto atención, evidentemente… aun así Dan Hibiki era una completa deshonra.
El excesivo ruido del helicóptero molestaba a Sagat, quien por esta razón prefería realizar sus viajes a pie que usar estos medios de transporte cuando no tenía que atravesar océanos.

- ¿Dónde está Bison? ¿Por qué me mandaron llamar?

Dentro del cuartel de Shadaloo había varias habitaciones que solo los miembros con mayor rango podían acceder, y contadas eran las secciones ultra secretas de los “cuatro reyes divinos”. Los máximos cabecillas de la organización:

Balrog el boxeador, un hombre afroamericano corpulento y musculoso. Cabello muy corto y oscuro, nariz achatada y ojos pequeños. En general parecía tener el aspecto de un psicópata malhumorado y violento, pero sus motivaciones solo eran financieras. Los rumores indicaban que fue capaz de matar a un elefante solamente con su puño.

Vega el matador, un hombre español que portaba una máscara de metal, su torso desnudo mostraba el tatuaje de una serpiente y su abundante cabellera rubia estaba amarrada en una trenza que llegaba hasta su cintura. Los rumores decían que siempre usaba una garra de metal al combatir y después de cada combate bebía de la sangre de sus oponentes muertos.

El mismo Sagat y por ultimo Bison, el dictador, quien muchos de los subordinados se referían a él como Maestro Bison o M. Bison.
Nada se conocía sobre su pasado, o sobre sus verdaderas metas. Sagat solo sabía que tenía mucho poder, verdadero poder y que muy pocos podían oponerse a él. Pero como ya había comprobado, sus vastos recursos podían resultar en un enorme beneficio.

-Está resolviendo algunos problemas en Camboya.

Respondió el matador.

-Pero dejo esta grabación para ti, Sagat.

Cuando termino de hablar, el otro hombre dentro de la habitación, el boxeador, puso en marcha una grabación. En ella aparecía el rostro de Bison, un hombre que aparentaba unos 35 años de edad, pero sin duda sonaba mucho más viejo. Siempre vestido de uniforme militar rojo, con grandes hombreras plateadas y portando una gorra color rojo con víscera negra, con el símbolo de Shadaloo: una calavera de metal con un rayo en la frente y con 2 grandes alas detras.

-Bienvenido de vuelta Sagat, es una lástima no poder recibirte personalmente, pero tengo un encargo para ti que te será mostrado una vez regreses. Necesito que te dirijas a Australia, el piloto te dejara en la zona donde tus habilidades son requeridas.

La transmisión termino y Sagat se mostraba inmutable, aunque por dentro hervía de furia. Una vez más la correa del tigre era jalada.  

Tenía unos minutos de descanso antes de que el helicóptero v22 se reabasteciera de combustible y comprobara que estaba listo para el vuelo. Pero esa espera solo lo irritaba más, únicamente quería acabar rápido con el trabajo para poder encontrar y vengarse de Ryu. Estaba obsesionado, no podía pensar en otra cosa.

El viaje a Australia no duro tanto como esperaba.

-Bison dijo que tu objetivo se encontraba dentro del Outback australiano, dijo que sabrías inmediatamente quien era.

Sagat estaba un poco confundido, pero no era la primera vez que Bison le daba instrucciones tan dramáticas. Camino por el árido terreno mientras observaba la escasa vegetación y la extraña fauna que rondaba por el territorio: canguros correteando y pequeños reptiles llamados tuataras que se alejaban de su camino.

El Outback australiano son los territorios áridos más alejados tanto de la civilización como de las zonas selváticas, de vez en cuando veía pequeñas granjas vacunas, pero eso carecía de importancia para él, sabía que Bison no lo habría enviado a él a matar a un simple granjero, si Sagat estaba en el campo, es porque era algo realmente importante.

Mientras andaba el día estaba llegando a su fin y los tonos rojizos del paisaje parecían unirse con el cielo, mientras atardecía y poco a poco empezaba a oscurecer.
A lo lejos se empezaba a formar una tormenta.

Sus pasos lo llevaron a una región de amplios pastizales, y finalmente vio la razón de porque estaba allí. No podría describir la sensación si se lo pidieran, pero sus instintos le decían que era él.
Sagat se acercó y finalmente vio la forma de su objetivo: un hombre joven meditando, vestido con un keikogi blanco y en su frente una larga cinta blanca que se movía con el viento.

¿Cómo era posible?

Después de mucho tiempo buscándolo, Ryu se encontraba ante él. Bison lo había enviado directamente con él. ¿Cómo era eso posible? ¿Cómo sabia…?

Demasiadas preguntas que debían esperar para otro momento.
Sagat sintió una enorme descarga de adrenalina recorriendo su cuerpo, y llevo su mano izquierda hacia su pecho, sintiendo la gran cicatriz que lo había marcado de por vida.

- ¡Ryu!

El joven se levantó tranquilamente, como si no estuviera sorprendido en absoluto, aunque la aparición de Sagat no era algo que esperaba. Se amarro aún más fuerte la cinta sobre su frente y se acomodó sus guantes rojos.

-Ha llegado el tiempo de la venganza

-Aun no te has recuperado de nuestro último encuentro, Sagat.

-Tengo algo nuevo para ti. Esta vez tu quedaras marcado.

miércoles, 28 de marzo de 2018

El rey ha muerto, larga vida al rey


CAPITULO II

El rey ha muerto, larga vida al rey


La puerta de madera se rompió violentamente en decenas de pedazos, los hombres dentro de la descuidada habitación se levantaron rápidamente y tomaron sus pistolas, unas American tactical de 9mm y apuntaron directo al pasillo donde yacían los restos de la puerta.

Los 3 hombres estaban congelados… ¿Cómo habían descubierto ese último escondite? ¿Quién era el hombre que se encontraba detrás de ellos? Uno de ellos, el más joven, pidió que lo cubrieran mientras avanzaba hacia el pasillo, con arma en mano y dio unos cuantos pasos mientras atravesaba los platos desechables en el suelo, los vasos rotos y las colillas de cigarro.

Sus socios no despegaban la vista de la puerta, el sudor recorría sus frentes mientras parpadeaban constantemente. De seguro era una banda rival que buscaba apoderarse de su territorio, o eran agentes de narcóticos que iban tras de su pista, podría tratase de alguna antigua venganza… los pensamientos volaban por sus mentes, buscando alguna respuesta cuando la pared detrás de ellos colapso, no tuvieron tiempo de usar sus pistolas de procedencia turca cuando un gigante atravesó la densa cortina de humo y los tomo con sus enormes manos por la cabeza, estrellándolos unos contra otros.
El más joven dio vuelta y apunto con su arma a la sombra del gigante que apenas se podía distinguir.

- ¡Estás muerto maldito tuerto!

Gritaba mientras su arma temblaba tanto que tuvo que sujetarla con fuerza con la mano izquierda. Nunca había matado a nadie antes, este solo era un trabajo de vigilancia, se suponía que nadie sabía la ubicación de la casa de seguridad, se suponía….

-Suelta el arma o te garantizo la peor muerte que puedas imaginar.

La voz era intimidante, oscura y tenebrosa. El chico pensó que podría mentir sobre los hechos, sus compañeros quizá estaban muertos, nadie tenía porque saber la verdad, igual le iban a pagar, incluso se ganaría el respeto de los grandes jefes al decir que lucho contra el gigante y sobrevivió.
La pequeña arma semiautomática cayó al suelo haciendo un ruido metálico cuando impactó, el joven alzo los brazos en señal de rendición.

-Maldito cobarde…

Dijo el gigante mientras se abalanzaba sobre él.

-Dijiste, lo dijiste. ¡Dijiste que me perdonarías la vida!

-Nunca dije que no te mataría.

Sagat lo tomo con sus enormes manos y le rompió el cuello sin mucho esfuerzo.
Las cosas ya no eran como antes. Ahora los más “peligrosos” dependían excesivamente de armas que les permitían matar a distancia, incluso por la espalda, eran otros tiempos, ya no había honor entre criminales.

Arrojo el cadáver hacia una alacena hecha de madera antigua donde cayeron pequeños paquetes, seguramente de alguna clase de droga, pero eso no le interesaba en absoluto, rondo por la casa de seguridad y buscaba a su verdadero objetivo.

Sagat se encontraba en Hong Kong para combatir y eliminar a un sujeto en cuestión. Se decía a si mismo que no tenía nada de malo, no era la primera vez que mataba a un ser humano. Pero antes era por su propia decisión, porque había honor en el combate y a veces una muerte digna en el ring era el premio que obtenían sus oponentes.

Ahora, tal vez, no era tan distinto, lo encontraría, combatiría contra dos o tres sujetos antes de llegar al objetivo y finalmente el tigre cazaría a su presa.
Pero ese era el problema, no puedes decirle al tigre lo que debe cazar.
Ahora el tigre tenía un amo…

Se engañaba a si mismo diciendo que no era su amo, era su igual, de la misma forma que los otros 2, el boxeador y el torero. Pero en el fondo de su corazón sabía que el tigre ahora tenía una correa. Y el nombre del hombre que controlaba esa correa era Bison.

Pasaron otras 3 noches antes de que Sagat alcanzara a su objetivo a las afueras de Vientián, la capital de Laos.
Era otra casa de seguridad, peor que las otras que Sagat había desmantelado. Era un triste personaje que gasto más dinero del que podía generar, que cometió el grave error de agotar recursos de Shadaloo, y que no tuvo ni siquiera la decencia de luchar por su vida.

Patético.

Una vez realizado el trabajo, Sagat se dirigió de regreso a la base secreta de Shadaloo, ubicada secretamente en la selva de Veal Veaeng.

Ya entrada la noche decidió descansar dentro del parque Buda, cerca de la frontera con Tailandia, Sagat meditaba recostado sobre la suave hierba a la luz de la luna, junto a él, una enorme estatua de Buda recostado parecía acompañarle en sus pensamientos.

- ¡Shoryuken!

Sagat despertó angustiado al escuchar esa palabra, pero no había nadie a su alrededor. Era una pesadilla… su peor pesadilla, en un momento se encontraba en la cima, era más que un rey, era el dios del Muay thai, y ese maldito japonés le arrebato todo. ¿Qué era ahora? Un rey destronado, un lacayo… un tigre sin rayas.

-Así que a esto se ha reducido el gran Sagat.

Parecía que no estaba tan solo como creía. Busco rápidamente con la mirada y finalmente encontró al hombre que lo encaraba.

-El gran emperador del Muay thai reducido a ser un simple matón.

El hombre salió de las sombras y Sagat pudo ver su cuerpo delgado pero musculoso, su cabello pelirrojo y levantado por la parte de atrás, terminando con un curioso copete, encima de su cabello portaba un mongkhon, un tocado tradicional de lucha Muay thai que se coloca en la cabeza de los luchadores, parecía un aro con una pequeña vara colgando por detrás, y en cada bíceps llevaba un pra jiad, una especie de bandas para los brazos.

- ¿A qué has venido Adon? ¿Deseas que te recuerde quien es el alumno y quien el maestro?

-Perdiste el derecho de llamarte a ti mismo maestro cuando fuiste derrotado por Ryu.

-No vi que tú lo hicieras mejor.

- ¡Cállate! No solo estaba en juego tu honor, sino el honor del Muay thai. Defraudaste al arte marcial al que dedicaste tu vida. Y ahora en lugar de recuperarte eres un esclavo de alguien más.

Sagat se mostró realmente molesto por las palabras de su antiguo protegido, pero sabía que eran verdad.

-Ya no mereces el título del rey del Muay thai, es tiempo de un nuevo emperador.

Sagat alzo sus brazos, la lucha era tan inevitable como la salida del sol y él no quería huir de la batalla, pero ahora había una ligera molestia en su corazón. Le molestaba que Adon tuviera razón.
Adon salto hacia el con una patada voladora, parecía una flecha volando directo al corazón de su oponente. Sagat alcanzo a cubrirse y tomo a su oponente de la pierna, arrojándolo por los aires.
Adon presumió su admirable condición física cayendo con la agilidad de un gato y contratacando inmediatamente al caer en la hierba.

Ahora fue un certero puñetazo en las costillas del gigante seguido de un gancho en la quijada, Sagat retrocedió unos pasos, aturdido por los impactos, Adon aprovecho para impactarlo violentamente con su rodilla.

El castigo no parecía terminar, un golpe seguido de otro que no le permitían al gigante recuperarse, y es que Adon había aprendido algo más que los movimientos enseñados por Sagat, aprendió también las debilidades de su maestro. Y es que a pesar de tener una inmensa fuerza, también era muy lento.
Sagat cayo de rodillas, y Adon cometió el grave error de creer que el combate ya era suyo.

Se abalanzo hacia su rival con el mismo movimiento que realizo al principio, la mortífera patada voladora, pero no sabía que su antiguo maestro contaba con eso… ahora en lugar de atraparlo, Sagat dio un pequeño salto hacia atrás y contrataco con su letal “rodillazo tigre”. El impacto le saco el aire a su compatriota tailandés, quien cayó al piso.
Sagat no cometería el mismo error que hizo con Ryu y preparo su proyectil de energía. Se agacho, cargo sus brazos hacia atrás y lanzo la poderosa energía. Adon trato de moverse, pero le faltó velocidad. Malherido cayó cerca de la estatua de Buda. Sagat se preparó para nuevamente lanzar su proyectil tigre, pero haciendo un esfuerzo sobrehumano Adon se levantó y corrió directo a los puños de Sagat, quien al momento arrojo su proyectil. Adon salto y en el aire realizo un giro mortal, dando una vuelta sobre sí mismo impactando la cabeza de Sagat con su pie.

El impacto hizo que Sagat cayera de cara sobre el piso mientras la bola de energía golpeaba la estatua del Buda.

-Levántate Sagat. ¡Vas a pagar por decepcionarme!

El gigante tailandés no tenía otra opción más que continuar el combate, ya había dado sus mejores movimientos, pero Adon los había superado. Ahora debía luchar de forma más inteligente, ¿pero lograría recuperarse a tiempo?

Adon lanzo patadas que Sagat apenas bloqueaba con las rodillas, era tiempo de contratacar, pero su rival contaba precisamente con eso. Lo sorprendió con una ráfaga de golpes, intercambiando los puños derechos con los izquierdos, finalizando con un codazo en la clavícula de su oponente, el impacto lanzo a Sagat hacia atrás, pero eso no era el final del ataque. Adon salto hacia él, impactando su rodilla derecha en el cuerpo de Sagat e inmediatamente su rodilla izquierda lo dejo noqueado al contacto con su rostro.

Sagat cayo inconsciente y Adon, bastante herido, se autoproclamaba como el nuevo rey del Muay thai.

Sagat despertó al medio día, vio la sangre de Adon en el pasto, pero no había rastro de él. Se levantó y vio el precio de su batalla: el hermoso y bien cuidado parque yacía parcialmente destruido, las estatuas se encontraban rotas. Extrañamente esto parecía molestarle a Sagat, y es que tenía un gran respeto por la tradición, pero ahora esa tradición estaba destruida, al igual que él. 

Tiempo después se enteraría que su antiguo alumno estuvo una temporada en el hospital, precisamente por las heridas obtenidas en la batalla, pero eso era un consuelo innecesario, Adon lo había derrotado.
El gigante regreso a Tailandia, con su ego totalmente destruido. Medito durante el transcurso del viaje… no solo había sufrido una humillación pública a manos de Ryu, ahora su alumno le había quitado el título del “Rey del Muay thai”.

Solo había una forma de recuperar su honor perdido, y esa era destruyendo completamente al japonés, humillarlo de la misma forma que él lo humillo. Una vez logrado eso, lo demás sería fácil, recuperaría su título y lo más importante, su honor.

- ¿Qué te pasa Sagat?

Bison interrumpió su monologo al percatarse de la actitud de Sagat. La base de Shadaloo estaba oculta en Veal Veaeng, un enorme paraje de selva ubicada entre la frontera de Camboya y Tailandia.

-Me voy, hay algo que tengo que hacer, después escuchare sobre tu “poder-psyco”

Sagat era un hombre leal, y cumplía satisfactoriamente cada misión que Bison le había asignado, a pesar de los recientes… acontecimientos ocurridos en su vida.

-Está bien, vete, sé que regresaras aún más poderoso de lo que ya eres.

Sagat ocupaba una posición privilegiada dentro de la organización criminal conocida como Shadaloo. Una poderosa organización criminal que se encargaba desde el tráfico de drogas y armas, pasando por la trata de personas hasta llegar incluso a las armas bioquímicas, además de controlar la política de pequeños países, así como la eliminación de personas por el precio adecuado.

Ni siquiera la Interpol tenía claro el alcance total de Shadaloo.

Sagat no prestaba mucha atención a esto, es más, permanecía ignorante ante muchos de estos temas, siendo la mayoría simples rumores, como la creación de Bison de un ejército personal formado por muchachitas, o un satélite con un rayo mortal. La mayoría de estas historias parecían salidos de alguna película de espías, por lo que el gigante tailandés dudaba de su veracidad. Lo que si le importaba eran los recursos que tenía a su disposición, medios de transporte y la más avanzada tecnología en ordenadores. Sagat uso estos recursos para investigar el paradero de Ryu. Las computadoras eran futuristas para la época, 64 Mb de memoria RAM, disco duro de 500 Mb y una conexión a la naciente red conocida como Internet.

Gracias a estos Sagat descubrió el ultimo paradero confirmado de Ryu: Echigo, cerca del monte Yahiko, en el país del sol naciente. El lugar perfecto para su batalla final.
El antiguo rey del muay thai partió de inmediato, ignorando el hecho de que su investigación era observada muy de cerca por una siniestra presencia.

-Así que Ryu…

Aprovecharía el bosque Yahiko Jinja para entrenar durante cada noche pasada en la región, buscando infructuosamente a Ryu. Seguramente los rumores de su visita a la zona serian escuchados por sus oídos y llegaría al combate, pero por cada dia que esperaba, Sagat seguía entrenado y practicando su nuevo movimiento que había desarrollado basándose en el “Shoryuken” del japonés.

Finalmente paso una semana entera y Sagat se percató que Ryu había partido de la zona hacía ya mucho tiempo, al parecer no tenía un lugar que llamara hogar, un verdadero nómada, moviéndose constantemente.

Atravesó el bosque, pasando por las hermosas estructuras con forma de arcos que estaban por el lugar, cuando sintió una presencia. Giro rápidamente para ver a una persona oriental, con una postura similar a la de Ryu e incluso con sus mismas ropas.
Su oponente había llegado por fin.

Se acercó para comenzar el enfrentamiento, pero se detuvo abruptamente cuando su único ojo por fin pudo distinguir a su oponente.
A pesar de ser similar a Ryu, no era él. Su keikogi era color rosa y tenía una playera negra debajo, además de una larga cola de caballo.

-Tu hora ha llegado Sagat.

- ¿Quién eres tú?

Estaba decepcionado porque su oponente no era quien esperaba, pero si tenía alguna similitud con Ryu en su forma de combatir, quizá el viaje haya valido la pena.

- ¿Cómo es posible que no me recuerdes? -El hombre parecía enormemente perturbado. –Tal vez si te arranco tu ojo bueno te acuerdes.

-El hombre que me quito el ojo pago con su propia vida.

- ¡Maldito! El hombre al que asesinaste era mi padre. Y hoy su muerte será vengada.

domingo, 25 de marzo de 2018

vuela....


como olvidar esos locos 90's
la epoca de los "heroes" ultraviolentos y el deceso y tragedia para los clasicos.
la epoca que el supernintendo domino todo el mundo, el inicio de Pierce Brosnan como James Bond, la epoca de las pelis de accion ultra-exageradas y el BOOM de la musica pop.

En fin. cuando era chico habia un grupo que me enloquecia, se llamaba "Magneto" (sin ninguna relacion con Erick Magnus) y era el clasico grupo de adolescentes que tocaban musica pop super-pegajosa.
En fin, yo me alucinaba con sus canciones y su mejor rola hasta me la aprendi.
se trata de un temazo llamado "Vuela vuela".


EN fin....pasaron los años, el grupo se separo, luego regreso y compuso una especie de version mejorada (o actualizada?) de esta bella cancion.
(nop, no la encontre en youtube....asi que sera mi labor el subirla)

Y siguieron pasando los años.....el uso de internet se popularizo y recordando los viejos tiempos encontre que esta cancion no fue originaria de ellos, sino de Desireless. Una francesa de la epoca ochentera, y aunque suena bien...prefiero la de los Magneto.


Bueno, siguiendo en mi investigacion encontre una supermega version epica!!
se trata de "voyage voyage gregorian" aqui lo cuelgo para su disfrute...mis queridos lectores.

jueves, 22 de marzo de 2018

EL SENDERO DEL TIGRE





CAPITULO I
Un nuevo oponente ha llegado.


El hombre cayó al suelo inconsciente, las gotas de sudor se agitaban violentamente mientras el hombre dejaba de moverse, la sangre salpicaba los pies vendados de su gigantesco oponente.
Inmediatamente la multitud enloqueció eufórica, sedienta de sangre. La gente lo llamaban “rey”, “emperador” pero realmente lo consideraban algo más.

Y él lo disfrutaba ¿y porque no habría de hacerlo? Era realmente invencible.
Los paramédicos entraron al improvisado ring para atender al hombre en el suelo, pero ya no podían hacer nada, el hombre estaba muerto.

- ¡Sagat! ¡Sagat! ¡Sagat!

Rugió aún más fuerte la muchedumbre.
Sagat observaba como se llevaban el cuerpo sin vida de su oponente y no pudo evitar pensar que había llegado realmente a la cima. Pronto llegaría otro oponente, de seguro sería considerado el más fuerte de su tierra, pero nunca había estado en Tailandia, nunca estaría preparado para enfrentarse al rey del Muay thai, empezaría el combate, Sagat al principio lo mediría, lo probaría, exactamente de la misma forma en que un gran felino juega con su presa antes de matarla, porque eso era exactamente Sagat: un depredador. Y cuando el depredador se haya aburrido asestaría el golpe final.
A Sagat no le preocuparía si el rodillazo fue mortal o no, porque después vendría otro combatiente, otro hombre que seguramente era el más fuerte de su tierra.
El nuevo oponente cayó al suelo, tenía las costillas rotas, pero aún estaba vivo. Los paramédicos se lo llevaron rápidamente mientras gritaba de agonía.
Apenas unas cuantas gotas de sudor resbalaron por su frente hasta llegar al parche que tenía en su dañado ojo derecho, esto era apenas un calentamiento para Sagat, su ejercicio favorito. Y Sagat reía mientras la multitud lo ovacionaba.

El siguiente retador llego…

Un pequeño karateka japonés.
Sagat miro hacia abajo para ver apenas su rostro, el niño no debía medir más de 1.70, su retadora mirada denotaba una inmensa determinación, una gran fuerza de voluntad. Sus puños se abrían y se cerraban, preparándose para el combate.

El rey del Muay thai empezó a reír cuando el joven luchador entro a la sala junto al improvisado ring –que consistía únicamente en una plancha de madera con forma de cuadrado- en medio de la instalación secreta donde se estaba desarrollando la final de este torneo mundial.

- ¡Un nuevo oponente ha llegado!

Gritaba el anunciador mientras un par de camarógrafos, camuflados en la multitud lo enfocaban.

-Su nombre es Ryu y está aquí para desafiar a.... ¡Sagat, el rey del Muay thai!

La multitud enloqueció completamente, coreaban el nombre de Sagat con la misma fuerza que abucheaban al joven japonés.
Sagat pidió que le cambiaran las vendas de sus puños por unas nuevas, unas que no estuvieran manchadas con sangre.
Ryu dejo en el suelo una improvisada bolsa de lona que cargaba en su espalda amarrada con un cordel, y de ella saco un par de guantes mma de color rojos, se los coloco con una inmensa concentración e inmediatamente después amarro con más fuerza la cinta blanca que tenía en la frente, al igual que la cinta negra en su cintura que sujetaba con fuerza su keikogi.

Una vez que Sagat tuvo listas las cintas tanto en sus puños como en sus pies, y con su atuendo típico de Muay thai –unos shorts azules con 2 pequeñas franjas blancas verticales en el costado- avanzo hacia el ring donde Ryu ya lo estaba esperando.
Sagat miraba fijamente hacia su oponente mientras avanzaba lentamente por los bordes de la plataforma de madera, quien, inmóvil, le devolvía la miraba mientras cerraba los puños una última vez antes de preparar su posición de combate.

La lucha ya había comenzado, pero no iniciaba con violencia, ninguna batalla real iniciaba de esa manera, incluso en la naturaleza, los depredadores entablan una conversación silenciosa únicamente a través de sus miradas, para medirse y probarse, para saber de qué es capaz su adversario, si decidirá valorar su vida y huir o quedarse para dar comienzo al violento espectáculo.
Es en estos momentos cuando a la primera debilidad, la más mínima señal, uno de los depredadores atacara buscando atacar los puntos clave para que la lucha dure el menor tiempo posible.

Pero hasta ahí llegaba la similitud con Sagat.
El deseaba extender la lucha lo más que se pudiese, deseaba sentir la emoción de la batalla, la adrenalina corriendo por su sangre, por esa razón había movido sus influencias para organizar este torneo mundial, donde se mediría con los guerreros del mundo, con los luchadores callejeros, para demostrar que más que un rey, más que un emperador, el seria el dios del Muay thai.
Sagat ataco con la velocidad y fiereza de un tigre.

Lanzo una poderosa patada, pero su oponente ya no estaba allí. Ryu giro sobre sí mismo para evitar la patada y se colocó a espaldas de Sagat, pero no lo ataco, se limitó a observarlo, sin perder su ritmo.
Lo estaba midiendo. Ese pequeño desgraciado se sentía el depredador. Eso era inaceptable para el rey del Muay thai.
Sagat bufo, bajo la guardia y camino alrededor de Ryu llegando al mismo punto, donde su oponente seguía esperándolo.

Ciertamente iba a ser un combate memorable.
Sagat probo con otra patada que Ryu bloqueo sin problemas con sus antebrazos, avanzo rápidamente hacia él y lo tomo del keikogi, lanzándolo por los aires. Ryu giro sobre sí mismo y logro caer de pie, pero inmediatamente Sagat se lanzó sobre el tomándolo por sorpresa y golpeándolo en el estómago con sus largas piernas.
Ryu cayo de rodillas y Sagat aprovecho para patearlo y su cuerpo fue lanzado como un muñeco al borde del ring.
La multitud se emocionó al ver a su héroe triunfar, pero Sagat se sentía decepcionado, el combate fue mucho más aburrido de lo que esperaba.
Justo cuando se preparaba para dar media vuelta el joven japonés se levantó, sacudió la cabeza y levanto sus brazos, uno en posición de defensa y el otro en posición de ataque.

Sagat esbozo una ligera sonrisa, flexiono sus rodillas y alzo los puños justo a la altura de su rostro, la posición clásica de combate en el Muay thai.
Una vez más se abalanzó sobre Ryu, pero este lo sorprendió con una patada voladora que impacto en pleno rostro, Sagat perdió el equilibrio, pero el gigante logro apoyarse sobre una rodilla y sin perder el tiempo logro ejecutar un gancho que tomo por sorpresa al luchador japonés.

Sagat se levantó de un brinco y siguió golpeando a Ryu, quien apenas podía protegerse de los poderosos golpes.
Sagat tenía la ventaja. Pero aun así seguía con la lluvia de puñetazos.
Ryu hábilmente logro sujetar el puño de Sagat y aplicando una llave de judo, uso la fuerza del gigante en su contra y lo lanzo por los aires.
Sorprendentemente Sagat era más que fuerza física, y en una muestra de agilidad imposible logro girar sobre sí mismo y cayo de pie, pero se dio cuenta que su oponente le devolvió la misma táctica que había empleado con él. Ryu se lanzó con una patada voladora que se repitió increíblemente 3 veces en el aire. Sagat cayó al suelo sorprendido por el ataque, pero se necesitaba mucho más para derrotarlo.
Sagat se levantó y efectuó una finta: fingió dar una patada, pero en lugar de eso dio un salto para dar un puñetazo aéreo. Ryu entró de lleno en el engaño y el poderoso puño impacto en su rostro, dejándolo vulnerable al mortal rodillazo de Sagat.
Era el fin de la pelea.
O al menos eso pensaba Sagat. Contra todo pronóstico Ryu se levantó, su cinta blanca ahora presentaba manchones color rojo oscuro.
La sangre le escurría por la frente, pero su mirada denotaba que no tenía la más mínima intención de rendirse.
Sagat disfrutaba impartir dolor a sus oponentes, pero ahora estaba ligeramente impresionado por la resistencia del joven, pero era tiempo de acabarlo definitivamente.
Se lanzó sobre el buscando impactar con un segundo rodillazo tigre –como lo había bautizado el público- cuando Ryu junto sus manos hacia su costado, creando una esfera de energía que rápidamente lanzo directo a Sagat, quien se encontraba a unos pocos centímetros de él.

- ¡Hadoken!

Grito Ryu mientras Sagat, por el impacto de la bola de fuego, era lanzado hacia el otro lado del ring.
El gigante tailandés nunca se había sentido así, no por el dolor, sino por la humillación de verse derrotado. Ahora ya no le parecía divertido. Donde quiera que el chico haya aprendido esa técnica, no era única, como estaba a punto de averiguarlo. Se levantó con dificultad, tratando de recuperar el aire, Ryu vio la oportunidad para terminar el combate y dirigiéndose a él dio un salto para acabar con su oponente, pero Sagat tenía un as bajo la manga.

Centímetros antes de ser golpeado por Ryu, dio un enorme respiro, lanzo sus puños hacia atrás, cada uno de ellos se ilumino con una potente energía, similar a la lanzada por el japonés momentos antes, y violentamente lanzo sus puños frente a él impactando por completo.
Ryu cayo y esta vez ya no se levantó.
La multitud, que por un momento guardo silencio al pensar en la derrota de su héroe, ahora gritaba de pie.

- ¡Tiger shot! ¡El proyectil de energía de Sagat! ¡Tiger shot!

Sagat había triunfado, pero no estaba satisfecho, si Ryu seguía vivo debía castigarlo, no por desafiarlo, sino por estar cerca de derrotarlo públicamente.
Sagat se acercó al cuerpo de su oponente, todavía respiraba. Bien. Debía sentir el castigo por enfrentar al rey, Lo tomo por la cabeza con su enorme mano, dio una breve carcajada al ver como colgaba indefenso y soltó un rodillazo en su tórax, pero Ryu reacciono instintivamente y no solo detuvo el impacto, sino que se liberó del agarre del gigante.

Sagat estaba sorprendido, el combate aun no acababa ¿Qué se necesitaba para derrotarlo? Cansado, golpeado y sangrando parecía no detenerse. Era como él, un espíritu incansable que solo deseaba la victoria a toda costa… aun si eso incluía la muerte del rival.
Sagat ataco nuevamente con su rodillazo tigre, no había suficiente espacio para que Ryu lo esquivara, ni para la bola de fuego. Aun si se cubría del impacto, este llegaría a ser mortal. No había escapatoria.

Los segundos parecían detenerse, Sagat ya estaba saboreando la victoria, pero Ryu parecía extrañamente relajado, como si no estuviera realmente allí.
No dio indicios de intentar escapar o de realizar su poderoso Hadoken, sino que efectuó una técnica que Sagat nunca había percibido antes.

El joven peleador japonés se inclinó un poco, apretó con fuerza su puño y ataco con un relampagueante movimiento que lo impulso por el aire.

- ¡Shoryuken!

Grito mientras impactaba directamente en el pecho de Sagat. El golpe fue tan violento que rompió la piel de su oponente, haciendo que la sangre saltara dramáticamente.

El público no lo podía creer, había pasado de gritar el nombre del gigante del Muay thai a un sepulcral silencio. Todos habían callado y no sabían que hacer, ni siquiera los paramédicos se podían mover debido a la impresión.
Sagat estaba en el suelo, inconsciente, cubierto de su propia sangre, el parche había saltado develando la cuenca vacía de su ojo derecho, mientras todos los espectadores miraban la recién formada cicatriz que cubría todo su pecho de forma ascendente.

Todos menos Ryu. Él ya se había marchado.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Capitulo 1

1
Encuentra a Skirata. Él es el único que puede hablar cuando los hombres están un poco… decaídos. Y no, no voy a destruir todo un bloque de barracas solo para neutralizar a seis ARC’s. Así que tráiganme a Skirata: no puede estar lejos.

General Iri Camas, director de fuerzas especiales, para la Fuerza de Seguridad de Coruscant, de Control Incidental de Asedios. Cuartel General de Barracas de la Brigada de Operaciones Especiales, Coruscant, cinco días después de la Batalla de Geonosis.

Ciudad Tipoca, Kamino, ocho años antes de Geonosis.

Kal Skirata había cometido el mayor error de su vida, y había cometido otros bastante grandes anteriormente. Kamino estaba húmedo. Y la humedad no le ayudo en nada a su tobillo roto. No, estaba más que húmedo: no había más que tormentas de polo a polo, y deseo que el que había trabajado antes que él respondió a la lucrativa oferta de Jango Fett a largo plazo en un lugar que su viejo camarada no había especificado con exactitud. Pero esa era la menor de sus preocupaciones ahora. El aire olía más a un hospital que a una base militar. El lugar no lucia como barracas tampoco. Skirata se apoyó del barandal que era lo único que lo separaba de una enorme caída hacia una cámara lo suficientemente grande como para tragarse un crucero de batalla y perderlo de vista. Por encima de él, el techo abovedado iluminado se extendía hasta el abismo. La perspectiva de la caída no le preocupaba ni siquiera la mitad de lo que  de lo que estaba viendo. La caverna - quirúrgicamente limpia, pulida con duracero y permaglass- fue llenada con estructuras que parecían fractales. A primera vista parecían toroides gigantes apilados en columnas; entonces, mientras miraba, los toroides se volvían en anillos más pequeños de contenedores de permaGlass, con contenedores dentro de ellos, y dentro de ellos. NO, no pudo haber pasado. Dentro de los tubos transparentes había fluido, y había movimiento. Llevo varios minutos de observación para notar que dentro de uno de los tubos había un cuerpo vivo. De hecho, había un cuerpo en cada tubo: fila tras fila de pequeños cuerpos, cuerpos de los niños. Bebes. “Fierfek” dijo en voz alta. Él pensó que había llegado a este abandonado lugar para entrenar comandos. Ahora sabía que había entrado a una pesadilla. Escucho pasos detrás, en el corredor, eran de Jango dirigiéndose lentamente hacia él, bajando el rostro como en un reproche. “Si estás pensando en irte, Kal, ya sabes cuál es el trato,” dijo Jango apoyándose en la barandilla junto a él. “Dijiste que-““Yo dije que entrenarías tropas de fuerzas especiales, y lo harás.  Ellos solo están haciéndolos crecer:’ “¿Qué?” “Clones” “¿Cómo fierfek te involucraste en esto?” “Unos cinco millones y algunos extras por donar mis genes. Y no parezcas sorprendido. Habrías hecho lo mismo.” Ahora todo tenía sentido para Skirata y aun así se sentía sorprendido. La guerra era una cosa… pero esta clase de ciencia era algo completamente diferente. “Bueno ¿y si mantengo mi parte del trato?” Skirata ajusto la hoja de quince centímetros y tres caras que siempre guardaba envuelta en la manga de su chaqueta. Dos técnicos kaminoanos caminaron tranquilamente a través del piso de la instalación debajo de él. Nadie lo había revisado y él se sentía mejor por tener unas armas localizadas para facilitar su uso, incluyendo el pequeño blaster  metido en el manguito de su bota. Y todos esos niños pequeños en los tanques…los kaminoanos desaparecieron de su vista. “¿Y esas cosas para que quieren un ejército de todos modos?” “No lo necesitan. Y tú no necesitas saber eso ahora.”  Jango hizo una seña para que lo siguiera. Además, actualmente estas muerto ¿Recuerdas?” “Se siente como si lo estuviera” dijo Skirata. Él era el Cuy’val Dar[5]… literalmente, 100 soldados expertos con una docena de especialidades fueron quienes se respondieron uniéndose al emplazamiento secreto a cambio de muchos créditos… siempre y cuando estuvieran preparados para desaparecer completamente de la galaxia. Siguió a Jango  por los corredores inferiores ininterrumpidos de duraplast blanco, pasando ocasionalmente kaminoanos con sus largos cuellos y cabezas como serpientes. Había estado aquí por cuatro días estándar, mirando por la ventana de los cuarteles hacia el infinito océano y captando ocasionalmente a los aiwhas[6] que se elevaban de las olas y se agitaban en el aire. Los truenos eran totalmente silenciados por la insonorización [7], pero el relámpago se volvía un molesto pulso irregular en la esquina de su ojo. Skirata sabía desde el primer día que no le agradaban los kaminoanos. Sus fríos ojos amarillos lo molestaban, y el no aguantaba su arrogancia tampoco. Ellos miraban como cojeaba y le preguntaron si le importaba estar deficiente. El ventanal de corredor parecía extenderse por toda la ciudad. Afuera, era difícil ver donde acababa el horizonte y donde empezaban las nubes y la lluvia. Jango volteo para ver si lo seguía. “No te preocupes Kal. Me dijeron que el clima mejora en verano… por unos días.” Genial. El planeta más sombrío de la galaxia y estaba atascado en él. Y encima su tobillo le molestaba. Realmente debería haber invertido en arreglarlo quirúrgicamente. Cuando salga de aquí- si alguna vez lo hace- tendría los recursos para conseguir al mejor cirujano que los créditos pudieran comprar. Jango se detuvo. “Así que, ¿Ilippi te boto?” “Si.” Su esposa no era mandaloriana. El esperaba que ella se adaptara a la cultura, pero no lo hizo: ella siempre odio ver a su hombre ir a la guerra de otro. Las peleas empezaron cuando él quería llevar consigo a sus dos hijos a la batalla. Tenían ocho años, la edad suficiente para empezar a aprender el oficio; pero ella se negó, y en poco tiempo Ilipi y sus hijos ya no estaban cuando el regreso de la última guerra. Ilipi se divorció de la manera Mandaloriana, de la misma forma que se habían casado, con un voto breve, solemne y privado. Un contrato es un contrato, ya sea escrito o no. “Mientras tenga algo en que ocuparme.” “Deberias casarte con una chica mandaloriana. Aruetiise[8] no entienden la vida de un mercenario.” Jango se quedó callado, esperando alguna replica, pero Kal no se la dio. “¿No hablas con tus hijos?” “Pocas veces. Así que fracase como padre. No me lo restriegues.” “Obviamente ellos  no comparten la perspectiva mandaloriana más de lo que hace su madre.” “Bueno, ahora ya no te hablarán. No aquí. Nunca” Nadie parecía preocuparle si él había desaparecido de todas formas. Si, daba lo mismo vivo que muerto. Jango no dijo nada más y caminaron en silencio hasta llegar a un enorme vestíbulo circular con habitaciones conectadas como niveles en una rueda. “Ko Sai dijo que algo no estaba bien con el primer lote de prueba de clones,” dijo Jango, conduciendo a Skirata por delante de él hacia otra habitación. “Los pusieron a prueba y no creen que vayan a calificar. Le dije a Orun Wa que le daríamos el beneficio de nuestra experiencia militar y les echaríamos un vistazo.”
Skirata solía evaluar a los hombres y mujeres en combate. Sabía lo que se necesitaba para hacer un soldado. Era bueno en eso; la milicia era su vida, como lo fue para todos los hijos e hijas de Mandalor. Por lo menos había algo a lo que aferrarse en este salvaje océano. Solo era cuestión de mantenerse lo más alejado posible de los kaminoanos. “Caballeros,” dijo Orun Wa de forma monótona. Les dio la bienvenida en su oficina con una inclinación de su cabeza, Skirata noto su prominente y fino hueso a través de la parte superior de su cráneo desde el frente hacia atrás. Tal vez eso significaba que Orun Wa era viejo, o tenía mucha influencia, o algo: era diferente a los demás cebos de aiwha que Skirata había visto hasta ahora. “Siempre creí en la honestidad en cuanto a los retrasos en un programa. Valoramos al Cónsul Jedi como clientes.” “No tengo nada que ver con los Jedi,” dijo Jango. “Solo soy un consultor military.” Oh, pensó Skirata. Jedi. Genial. “Seré más feliz si usted confirma que el primer lote de unidades está por debajo del estándar aceptable.” “Tráiganlos entonces.” Skirata se metió las manos en los bolsillos de la chaqueta y se preguntó qué iba a ver: Mala puntería, mala resistencia, ¿Falta de agresión? No, no si estos fueran los clones de Jango. Tenía curiosidad por ver cómo demonios los kaminoanos podrían haber producido guerreros de un molde. La tormenta azotaba violentamente contra la ventana de transpariacero[9], de forma intensa por momentos y de forma tranquila en otros. Orun Wa dio un paso atrás con un movimiento de brazos como un bailarín. Y las puertas se abrieron. Seis pequeños niños idénticos –de cuatro o cinco años- caminaban hacia la habitación. Skirata no era alguien sentimental, pero esto hizo que se sintiera así. Eran niños, no soldados ni droides ni mucho menos unidades. Solo pequeños niños. Tenían cabello negro rizado y todos estaban vestidos de túnicas azul oscuro y pantalones. Esperaba adultos, y eso hubiera sido bastante malo.  Escucho a Jango inhalar bruscamente. Los niños estaban todos juntos y eso rompía el Corazón de Skirata de una forma que él no esperaba. Dos de los niños estaban agarrados entre sí, mirando hacia arriba con enormes y oscuros ojos que no parpadeaban. Otro se movió lentamente al frente protegiendo a los demás. Él estaba defendiendo a sus hermanos. Skirata estaba devastado. “Estas unidades están defectuosas, y admito que quizá cometimos un error al intentar mejorar la planilla genética.” Dijo Orun Wa, absolutamente indiferente por su vulnerabilidad. Skirata había resuelto rápidamente que los Kaminoanos despreciaban todo lo que no encajaba con su intolerante y arrogante ideal de sociedad perfecta. Así que. . . pensaron que el genoma de Jango no era el modelo perfecto para un soldado sin un pequeño ajuste. Quizá era su naturaleza solitaria; haría una infantería de soldados imperfectos. Jango no era un jugador de equipo. Y tal vez ellos no sabían que a menudo era la imperfección lo que daba a los humanos una ventaja. La mirada de los niños cambiaba entre Skirata y Jango, y la puerta, y todo alrededor de la habitación, como si estuvieran buscando una ruta de escape o pidiendo ayuda.
“El jefe de científicos Ko Sai se disculpa, así como yo,” dijo Orun Wa. “Seis unidades no sobrevivieron a la incubación, pero estos se desarrollaron normalmente y parecían cumplir con las especificaciones, por lo que se han sometido a algunas instrucciones rápidas y ensayos. Desafortunadamente, pruebas psicológicas indican que son poco confiables y no cumplen con el perfil de personalidad requerido. “¿Y cuál es?” preguntó Jango. “Ellos no acatan órdenes” Orun Wa parpadeo rápidamente, parecía avergonzado por el error. “Puedo asegurarles que abordaremos estos problemas en la actual producción Alpha. Estas unidades serán reacondicionadas, por supuesto. ¿Hay algo más que deseen preguntar?” “Si” fijo Skirata. “¿A qué se refieren con ‘re-acondicionar’?” “En este caso, eliminar.” Hubo un enorme silencio en el tranquilo y pacifico cuarto blanco. Se supone que la maldad tiene que ser negra, oscura, y no se supone que tenga una voz amable. Skirata escucho y su instinto reacciono antes que su cerebro. En un segundo presiono su puño cerrado contra el pecho de Orun Wa y la vil cosa insensible sacudió su cabeza atrás. “Tocas a uno de estos niños, fenómeno gris, y te desollare vivo y alimentare con tu cuerpo a los aiwhas.” “Tranquilo” Jango intervino, sujetando el brazo de Skirata. Orun Wa seguía parpadeando ante Skirata con aquellos molestos ojos amarillos de reptil. “Esto no es necesario. Nos preocupamos sólo por la satisfacción de nuestros clientes.” Skirata pudo escuchar el pulso en su cabeza y todo lo que le importaba era partir en dos a Orun Wa. Matar a alguien en combate era una cosa, pero no había honor en asesinar a niños desarmados. Zafo su brazo del agarre de Jango y retrocedió delante de los niños. Se quedaron en silencio. No se atrevía a mirarlos. Se fijó en Orun Wa pero Jango le sujeto su hombro y lo apretó lo suficiente como para hacerle daño. “No lo hagas, déjame esto a mí.” Era una advertencia, pero Skirata estaba demasiado enfadado y disgustado como para temer la ira de Jango.  “Podríamos tener unos comodines.” Dijo Jango cuidadosamente, moviéndose entre Skirata y el kaminoano. “Es bueno tener algunas sorpresas en la manga para el enemigo. ¿Cómo son estos niños? ¿Y cuántos años tienen?” “Cerca de dos años estándar. Altamente inteligentes, desafiantes, perturbados y no recomendables.” “Podrían ser ideales para trabajos de inteligencia.” Estaba blofeando: Skirata pudo ver el pequeño tick en la mandibular de Jango. También estaba tenso. El cazarrecompensas no podía ocultarlo a un viejo conocido. “Digo que los mantengamos “Los niños parecían más grandes, Skirata se volvió para mirarlos, y ellos lo observaban a él: era casi una acusación. Volteo la mirada, dio un paso atrás y puso su mano discretamente detrás de sí para colocar su palma en la cabeza del muchacho que defendía a sus hermanos, solo como una innecesaria muestra de consuelo, pero una pequeña mano se cerró firmemente alrededor de sus dedos. Skirata trago duro. Dos años de edad. “Puedo entrenarlos” dijo. “¿Cuáles son sus nombres?” “Las unidades son enumeradas. Y debo enfatizar que ellos no responden a las ordines.” Orun Wa persistió como si estuviera hablando con un Weequay[10] particularmente estúpido. “Nuestro control de calidad los ha designado como clase ‘Null’ y debe comenzar a…” “¿Null? ¿Cómo ningún uso en di’kutla? “Jango tomo un discreto pero audible respiro. “Déjame esto Kal.” “No, ellos no son unidades.” La pequeña mano se aferraba por su vida. Skirata busco con su otra mano tras de sí y otro niño presiono con fuerza su pierna, aferrándose a ella. Era lastimoso. “Y yo puedo entrenarlos.” “Imprudente” dijo Orun Wa. El kaminoano dio un paso al frente. Eran criaturas muy elegantes, Pero eran repugnantes a un nivel que Skirata simplemente no podía comprender.  Y fue cuando el pequeño muchacho que se aferraba a su pierna repentinamente arrebato el blaster de la bota de Skirata.
Antes de que pudiera reaccionar, el niño la arrojo aterrado hacia el otro niño que tomaba la mano de Skirata. El chico la atrapo y apunto hacia el pecho de Orun Wa. “Fierfek.” Jango susurro. “Baja el arma niño.” Pero el muchacho no iba a detenerse. Se postro enfrente de Skirata, absolutamente tranquilo, con el blaster levantado en perfecto ángulo, con sus dedos de la mano izquierda colocados de tal forma que le daban una excelente estabilidad a la derecha, totalmente enfocada. Y mortalmente serio. Skirata abrió su mandíbula de la sorpresa. Jango se quedó inmóvil, luego se rio entre dientes. "Creo que eso demuestra mi punto", dijo, pero aún tenía los ojos puestos en el pequeño asesino. El chico puso el seguro al arma. Parecía estar comprobándola. “Está bien hijo.” Dijo Skirata, lo más gentil que pudo. No le preocupaba si el niño freía al kaminoano, pero le preocupaban las consecuencias para el niño. Estuvo instantánea y totalmente orgulloso de él… de todos ellos. “No necesitas disparar. No voy a dejar que toque a ninguno de ustedes. Solo devuélveme el blaster.” El chico no se movió; el blaster ni siquiera temblaba. Su mayor preocupación debería ser juguetes afelpados y no ejecutar un tiro directo a alguien. Skirata se acuclillo detrás del chico, tratando de no asustarlo para que dispare accidentalmente.  Pero si el chico le daba la espalda. . . entonces confiaba en él, ¿no? “Vamos… solo bájala,  es un buen chico y dame el blaster.” Mantuvo su voz tan suave y nivelada como pudo, cuando en realidad estaba dividido entre aplaudirle o hacer el mismo el trabajo. “Estas a salvo, te lo prometo.” El niño seguía inmóvil, seguía apuntando a Orun Wa. “Sí señor.” Bajo el arma. Skirata puso su mano en su hombre y lo hizo retroceder cuidadosamente. “Buen muchacho.” Skirata tomo el blaster de sus pequeños dedos y lo cargo entre sus brazos susurrándole “Bien hecho también.” El kaminoano no mostraba ira ni nada, solo parpadeaba, como si estuviera decepcionado. “Si eso no demuestra su inestabilidad, entonces…” “Ellos vienen conmigo.” “No es su decisión” “No… es mía.” Interrumpió Jango. “Y ellos tienen los necesario. Kal, llévatelos de aquí y yo resolveré esto con Orun Wa.” Skirata cojeo hacia la puerta, asegurándose estar entre el kaminoano y los niños. Estaba a medio camino del corredor con su extraña escolta de pequeños defectuosos cuando el niño se sintiera incómodo y se retorciera en sus brazos. “Puedo caminar, señor” dijo. Estaba perfectamente articulado… un pequeño soldado que está más allá de su edad. “De acuerdo hijo.” Skirata lo bajo al piso y los niños se pusieron detrás de él, extrañamente quietos y disciplinados. No eran peligrosos o desafiantes, a menos que se cuente el robar un arma, montar un teatrito y casi dispararle a un kaminoano como desafiante. Skirata no lo hacía. Los niños solo trataban de sobrevivir, como cualquier soldado con un deber que cumplir. Y ellos lucían de cuatro o cinco años, pero Orun Wa dijo que decir que tenían dos. Súbitamente Skirata quería preguntarles cuanto tiempo habían pasado en esas espantosas vitrinas asfixiantes de transpariacero, tanques fríos y duros que no eran nada como el confort oscuro de un útero. Debió haber sido como ahogarse. ¿Pudieron verse los unos a los otros mientras flotaban? ¿Comprendían lo que sucedía? Skirata alcanzo las puertas de su habitación y los introdujo consigo, tratando de no detenerse en esos pensamientos. Los niños se formaron en la pared automáticamente, con las manos entrelazadas detrás, esperando sin que tuviera que decirlo. Había tenido dos hijos. ¿Qué tan difícil podría ser encargarse de seis por unos cuantos días? Skirata espero alguna reacción de ellos, pero simplemente esperando alguna orden. No tenía ninguna. La lluvia azotaba la ventaba cuyo tamaño era todo el ancho de la pared. Los relámpagos deslumbraban. Todos se estremecieron. Pero seguían en silencio. “Les diré que.” Dijo Skirata desconcertado. Había llegado al sofá. “Ustedes se sientan aquí y yo buscare algo para que coman, ¿entendido?” Se detuvieron y entonces se subieron al sofá, todos juntos otra vez. Los veía tan indefensos que tuvo que salir rápidamente al área de la cocina para recoger sus pensamientos mientras pedía pastel de uj y lo cortaban en seis rebanadas. Así es como va a ser durante años... estas atrapado, compañero. Elegiste los créditos. Y este es ahora todo tu mundo… para siempre.
Nunca dejó de llover.  Y estaba atorado con una especie que odio a primera vista, y que pensaban que estaba bien deshacerse de unidades que estaban vivas, hablaban, caminaban y hablaban. Pasó sus dedos entre su cabello y desesperado, cerró sus ojos, hasta que de pronto se dio cuenta de que alguien lo miraba fijamente. “¿Señor?” dijo el niño. Tenía el valor de un pequeño pistolero. Podría haber sido idéntico a sus hermanos, pero era distinto en su forma de actuar. Tenía la costumbre de cerrar un puño y tener la otra mano relajada. “¿Podemos usar los ‘freshers’? Skirata se puso en cuclillas, a la altura de la del niño. “Por supuesto que puedes.” Fue bastante patético: No se parecían en nada a sus propios hijos animados y bulliciosos habían sido. “Y no me llamen señor. No soy un oficial. Soy sargento. Puedes llamarme sargento si lo prefieres, o puedes llamarme Kal. Todos lo hacen.” “Si… Kal.” “Esta allí. ¿Puedes manejarlo solo?” “Si, Kal.” “Se que no tienes un nombre, pero creo que realmente deberías tener uno.” “Soy Null Once. E-N uno uno.” “¿Que te parece si te llamo Ordo?” Él fue un guerrero Mandaloriano.” “¿Somos guerreros mandalorianos?” “Más te vale.” El niño era un luchador nato. “En todo sentido.” “Me gusta ese nombre.” El pequeño Ordo medito observando el suelo de baldosas blancas por un momento, como si evaluara el riesgo. “¿Qué es un Mandaloriano?” Por alguna razón eso le dolió. Si estos niños no sabían su cultura y que convierte a alguien en un Mandaloriano, entonces no tenían ningún propósito, ningún orgullo ni nada que mantuviera unido su grupo cuando el hogar no fuera un trozo de tierra. Si eres un nómada, tu nación viaja contigo en tu corazón. Y sin el corazón de mandaloriano, no tenías nada –ni siquiera tu alma- en cualquier nueva conquista seguida de la muerte. Skirata supo en ese momento lo que tenía que hacer. Tenía que evitar que esos niños fueran Dar’manda… eternos Hombres Muertos, hombres sin alma mandaloriana. “Puedo ver que necesito enseñarles mucho.” En efecto, era su deber. “Yo soy Mandaloriano también. Somos soldados, nómadas. ¿Sabes lo que estas palabras significan?” “Si.” “Chico listo. Está bien, vete y clasifíquense en los freshers, y quiero que se sienten todos en el sofá en diez minutos. Entonces daremos nombres a todo. ¿Entendido?” “Si, Kal” Entonces Kal Skirata –mercenario, asesino y padre fracasado- paso la tormentosa noche en Kamino, compartiendo pastel de uj con seis peligrosos niños listos quienes podrían manejar armas de fuego como si fueran adultos, enseñándoles de donde venía la tradición del guerrero y sobre como tenían un lenguaje y una cultura y como debía enorgullecerlos. Les explico que no había palabra mandaloriana para “héroe”. Pero si había una para cobarde: Hut’uun. Había una cantidad absurda de hut’uune en la galaxia y para Skirata los kaminoanos estaban contados entre ellos. Los niños -ahora tratando de acostumbrarse a ser Ordo, A’den, Kom’rk, Prudii, Mereel y Jaing- estaban devorando tanto su herencia recién descubierta como el pegajoso pastel dulce, con los ojos fijos en Skirata mientras recitaba listas de palabras mandalorianas y las repetían de nuevo a él. Trabajo a través de las palabras más comunes, era muy difícil. No tenía idea de cómo enseñar un lenguaje para niños quienes podían de hecho hablar fluidamente lo básico. Así que simplemente enumeró todo lo que recordaba que parecía útil y los pequeños Null ARC’s escuchaban, con el rostro sombrío, estremeciéndose al unísono ante cualquier resplandor de luz. Después de una hora Skirata sintió que el simplemente estaba confundiendo a unos niños muy asustados y muy solitarios. Ellos solo lo miraban. “Bien, es tiempo de recapitular.” Dijo, exhausto por un mal día y por percatarse de que había un inconmensurable número de días como este que se extendían delate de él. Apretó el tabique de su nariz en un intento por concentrarse. “¿Puedes contar del uno al diez para mí?” Prudii –N5- abrió los labios para respirar hondo y repentinamente los seis hablaron a la vez. “Solus, tad, ehn, cuir, rayshe’a, resol, e’tad, sh’ehn, she’cu, ta’raysh.” El intestino de Skirata se volteó brevemente y se sentó aturdido. Estos niños absorben información como una esponja. Solo conto una vez los números para ellos. ¡Solo una vez! Recordaban perfecta y absolutamente. Decidió ser cuidadoso con lo que les diría a futuro. “Vaya que son listos” dijo. “¿Acaso no son chicos especiales?” “Orun Wa dijo que no teníamos valor.” Dijo Mereel, totalmente falto de orgullo, sentado al borde del sofá, balanceando sus piernas casi como si fuera un niño normal de cuatro años. Podrían lucir idénticos, pero sus personalidades eran obviamente distintas. Skirata no estaba seguro como manejar la situación, pero él podía verlos ahora  y notar claramente sus diferencias, pequeñas variaciones en expresiones faciales, gestos, su forma de fruncir las cejas, incluso el tono de voz. La apariencia no lo era todo. “¿Te refieres a que sobrepasaste sus parámetros? Mereel bajo su rostro.
Un relámpago cayó en la plataforma de la ciudad; Skirata los sintió antes de escucharlo. Mereel levanto las piernas y se acurruco junto con sus hermanos otra vez. No, Skirata no necesitaba a un hut’uunla kaminoano para decirle que eran niños extraordinarios. Ellos pudieron manejar un blaster, aprender todo lo que les había enseñado y entender las intenciones de los kaminoanos bastante bien; no había duda del porque los cebos de aiwha les temían. Y ellos podían ser verdaderamente soldados fenomenales –si solo pudieran seguir un puñado de órdenes. Él trabajaría en eso. “¿Quieren más uj?” dijo. Todos asintieron con entusiasmo al unísono. Fue un alivio. Al menos eso le dio un respiro de unos minutos de su incesante y silenciosa atención. Comieron, aun como adultos miniatura. No había bromas ni buen humor. Y se estremecían ante cada rayo. "¿Tienes miedo?" Preguntó Skirata. “Sí, Kal” dijo Ordo. “¿Está mal?” “No, hijo. No del todo.” Era un buen momento para enseñar como cualquier otro. Ninguna lección se desperdiciaba en ellos. “Sentir miedo está bien. Es la forma en que tu cuerpo se prepara para defenderse, y todo lo que tienes que hacer es usarlo y no dejar que te use a ti. ¿Lo entendiste?” “No” dijo Ordo. “Okey, piensa en estar asustado. ¿Cómo es?” Ordo desenfoco la vista, como si mirara algo en una HUD[11] que no tenía. “Frio.” “¿Frio?” A’den y Kom’rk intervinieron: “y puntiagudo.” “Okey…okey.” Skirata trataba de imaginar a que se referían. Seguramente era su manera de describir la sensación de adrenalina fluyendo por sus cuerpos. “Bien, solo deben recordar que es la alarma de su sistema, y necesitan percatarse de eso.” Ellos tenían la misma edad que los chicos de la ciudad de Coruscant que luchaban por garabatear cartas en flimsi[12]. Y aquí estaba, enseñándoles psicología de batalla. Su boca estaba extrañamente seca. "Así que te dices a ti mismo, de acuerdo, puedo manejar esto, mi cuerpo está listo para correr más rápido y pelear más fuerte, y estaré viendo y escuchando solo las cosas más importantes que necesito saber para estar con vida". Ordo pasó de su mirada oscura de ojos abiertos a un leve desenfoque nuevamente por un momento y asintió. Skirata miró a los demás. Tuvieron esa misma concentración perturbadora. También habían apilado sus platos cuidadosamente en la mesa baja. Ni siquiera se había dado cuenta de que lo hacían. "Intenten pensar en su miedo la próxima vez que haya un rayo", dijo Kal. “Úsenlo.” Regresó al área de la cocina y buscó en los armarios algún otro aperitivo para mantenerlos en marcha, porque parecían voraces. Cuando volvió a entrar en la sala principal con una bandeja blanca de comida rebanada que parecía aún menos apetitosa que la propia bandeja, algo zumbó la puerta. Los Nulls inmediatamente hicieron un patrón defensivo. Ordo y Jaing flanquearon la puerta, a espaldas de la pared, y los otros cuatro tomaron cobertura detrás de los escasos muebles. Skirata se preguntó por un segundo qué programa de aprendizaje rápido les había enseñado eso o, al menos, esperaba que se enseñara de forma instantánea. Los quito de la puerta. Dudaron un momento hasta que sacó su arma de choque de Verpine; entonces parecían satisfechos de que tenía la situación bajo  algún tipo de control. “Me asustaron,” dijo Skirata suavemente. “Ahora retrocedan. Si alguien viene por ustedes, deberá pasar a través de mí, y no dejare que eso suceda.” Aun así, su reacción le llevo a pararse a un lado mientras golpeaba el panel para abrir las puertas. Jango Fett se encontraba de pie en el corredor, con un pequeño niño dormido en sus brazos. La cabecita rizada del niño descansaba sobre sus hombros. Lucia más joven que los Nulls, pero tenía el mismo rostro, el mismo cabello, la misma pequeña mano que agarra la tela de la túnica de Jango. “¿Otro?” preguntó Skirata. Jango miró el arma de Verpine. "Te estás poniendo nervioso, ¿verdad?" "Los kaminoanos no mejoran mi estado de ánimo. ¿Quieres que lo cargue?" Coloco el arma en su cinturón y extendió los brazos para llevar al niño. Jango frunció el ceño ligeramente. "Este es mi hijo, Boba", dijo. Él movió su cabeza hacia atrás para mirar afectuosamente a la cara del niño dormido. Este no era el Jango que Skirata conocía de antaño; era pura indulgencia paternal ahora. “Solo lo mantengo tranquilo. ¿Estás dando una orden? Le dije a Orun Wa que se mantuviera alejado de ti.” “Estamos bien.” Dijo Skirata. Se preguntó cómo formular la pregunta, pero decidió que era mejor no decir nada. “Boba luce como ellos.” “Debería, también lo han clonado de mí.” “Oh…oh.” “Él fue mi precio. Vale más que los créditos.” Boba se movió y Jango cuidadosamente ajusto la forma en que lo cargaba. “Estaré de regreso en un mes. Orun Wa dijo que tendría algunos candidatos de comandantes listos para que les demos un vistazo así como el resto del lote Alpha.  Pero dice que los han hecho más… confiables.” Skirata tenía más preguntas que parecían imprudentes bajo las circunstancias. Era natural para un mandaloriano querer un heredero por encima de todo, y la adopción era común, por lo que la clonación era… no muy diferente. Pero tenía que preguntar una cosa. “¿Porque hicieron parecer a estos chicos más grandes?” Jango comprimió sus labios en una delgada línea de desaprobación. “Ellos aceleraron el proceso de envejecimiento.” “Oh, fierfek.” “Tendrás una compañía de ciento cuatro comandantes y deberan tener menos problemas que los Nulls.” “Bien.” ¿Recibirán ayuda? ¿Habría guardianes Kaminoanos para abordar los trabajos de rutina, como alimentarlos? ¿Y cómo tratarían los sargentos de entrenamiento no mandalorianos? Su estómago se revolvió pero puso una cara valiente. “Puedo manejarlo.” “Si, y yo pondré de mi parte también. Tengo que entrenar a cien.” Jango miró a los Nulls, que ahora miraban cautelosamente desde el sofá y empezaron a alejarse. “Sólo espero que no sean como yo a esa edad.” Skirata empujó los controles, y la puerta rechino. “Bien, muchachos, hora de acostarse.” Dijo. Arrastró los cojines del sofá y los tendió en el suelo, cubriéndolos con un surtido de mantas. Los chicos de dieron una mano, con un amargo sentido de un propósito adulto que el sabia lo perseguiría por el resto de sus días. “Bueno, mañana les daremos cuartos decentes ¿okey? Con camas reales.” Tenía el presentimiento de que habrían dormido afuera en una pista de aterrizaje de habérselos pedido. Ellos no eran en absoluto inmanejables. Se sentó en la silla y puso los pies sobre un taburete. Los kaminoanos habían hecho su mejor esfuerzo en proveerles muebles ergonómicos para los humanos, algo que le parecía una rara concesión dada su arrogancia xenófoba general. Dejó las luces encendidas, para apaciguar los temores de los Nulls. Se acomodaron, cubriendo con las mantas sus cabezas por completo. Skirata observó hasta que parecían estar dormidos, colocó su Verpine en el estante al lado de la silla, y luego cerró los ojos para permitir que los sueños lo abrumaran. Se despertó con un tirón explosivo de músculos un par de veces, una señal segura de que estaba más allá del punto de cansancio y agotamiento, y luego cayó en un interminable pozo negro. Dormía, o eso pensaba. Un peso cálido se apretó contra él. Sus ojos se abrieron bruscamente y recordó que estaba varado en un planeta perpetuamente sobrepoblado que ni siquiera parecía estar en los mapas estelares, donde las especies locales pensaban que matar a los niños humanos era meramente control de calidad. El pequeño rostro aterrado de Ordo miro hacia él. “Kal…” “¿Tienes miedo hijo?” “Si.” “Ven.” Skirata cambió de posición y Ordo subió a su regazo, enterrando su rostro en su túnica como si nunca antes lo hubieran cargado o consolado. No lo habían hecho, por supuesto. La tormenta empeoraba. “Los relampagos no pueden lastimarte aquí.” “Lo se, Kal.” La voz de Ordo era bajita. No levantaba la Mirada. “Pero es como si  tiraran bombas.” Skirata le iba a preguntar a que se referia, pero inmediatamente supo que si lo hacia el niño podria hacer algo estupido al escuchar su respuesta. Él abrazo a Ordo y sintió el corazón del niño latiendo de terror. Ordo lo hacia muy bien para ser un soldado de cuatro años. Ellos podían aprender a ser héroes mañana. Esta noche necesitaban ser niños, asegurarse que la tormenta no era un campo de batalla, y no había nada que temer. El relámpago ilumino la habitación un instante, con furiosa luz blanca. Ordo se estremecio otra vez. Skirata puso su mano en la cabeza del niño y rizado cabello. “Esta bien, Ord’ika,” dijo suavemente. “Aquí estoy, hijo. Aqui estoy.”

Ocho años despues.
Barracas del Cuartel Generalde las Brigadas de las Fuerzas Especiales SO
Cinco días después de la Batalla de Geonosis

Skirata había sido detenido por los oficiales de la fuerza de seguridad de Coruscant y por primera vez en su vida no había peleado. Tecnicamente había sido arrestado.Y ahora era el hombre más aliviado de la galaxia, así como el más feliz. Saltó de la patrulla de la policía y se estremeció ante el agudo dolor en el tobillo cuando cayó al suelo. Lo resolvería tarde o temprano, pero ahora no era el momento. “Wow, hecha un vistazo a eso,” dijo el piloto. “Están deteniendo a los escuadrones de operaciones especiales. ¿Seguro que solo hay seis?" “Sí, seis es exagerado” dijo Skirata, acariciando discretamente sus bolsillos y mangas para asegurarse de que las diversas herramientas de su oficio estaban en su lugar y listas para usar. Era sólo hábito. “Pero probablemente tienen miedo.” “¿Tienen miedo?” El piloto bufó. "Oye, ¿sabes que Fett está muerto? Windu lo superó.” “Ya lo sé” dijo Skirata, luchando contra la urgencia de preguntar si también sabía lo que le había sucedido al pequeño Boba. Si el niño seguía vivo, necesitaría un padre. “Esperemos que los Jedis no tengan problema con los Mando’ade[13].” El piloto cerró la escotilla, y Skirata cojeó a través de la plataforma de aterrizaje del cuartel. El general Jedi Iri Camas, con las manos en las caderas con su túnica marrón que se movia en la brisa, observó de una manera que Skirata sólo podía describir como sospechoso. Dos soldados clones esperaban con él. Skirata pensó que el Jedi tendría que cortarse el cabello largo y blanco: no era práctico o vendría para que un soldado se pusiera el pelo sobre los hombros. “Gracias por responder, sargento” dijo Camas. “Y me disculpo por la forma en que regresaste, me doy cuenta de que tu contrato ha terminado ahora, así que no nos debes nada.” “Cuando quiera” Dijo Skirata. Noto los escudos de asalto a prueba de blaster que erigieron alrededor de la entrada principal. Cuatro escuadrones de Comandos de la Republica permanecían detrás de ellos, con sus rifles DC-17 listos. Miró al techo, y había dos equipos de francotiradores de comandos extendidos a lo largo del parapeto también. Sí un grupo de Comandos Avanzados de Reconocimento clase Null no quería cooperar, entonces tomaría a muchos hombres igualmente duros para persuadirlos. Y él sabía que ninguno de los comandos sería feliz de ser ordenado para hacer la persuasión. Eran hermanos, incluso si los ARC eran hombres bastante diferentes en el corazón. Skirata se metió las manos en los bolsillos de la chaqueta y se concentró en las puertas. “¿Y qué empezó todo esto, entonces?” Camas sacudió la cabeza. "Están programados para ser refrigerados abajo ahora que están detrás de Geonosis, porque nadie los puede comandar." "Yo si puedo." “Lo sé, por favor, pídales que se detengan.” "Son incluso más que un puñado del lote Alpha de los ARC regulares, ¿no?" “Lo sé, sargento.” “Así que querías que las tropas más duras que pudieras comprar tuvieran al enemigo, y luego se pusieron frías cuando llegaron a ser demasiado duras.” “Sargento…” “Por el momento, soy un civil.” Camas tomo un respiro. “¿Puedes hacer que se rindan? ¡Han cerrado todo el cuartel!” "Si puedo." Skirata se preguntó si los soldados clon miraban hacia él o hacia la dirección en la que los estaban confrontando. “Si ellos tienen sus cascos entendidos usted morirá.” “Pero no lo haré.” "Realmente no quiero ninguna bajas. ¿Te estás resistiendo por un aumento de cuota?" Skirata era un mercenario, pero la afirmacion lo insultó. Sin embargo, no se podía esperar que Camas supiera lo que sentía por sus hombres. Hizo un esfuerzo para no molestarse. “Enlisteme en el Gran Ejército de la República y devuélveme a mis muchachos, entonces veremos.” "¿Qué?" "Ellos están aterrorizados por el congelamiento, eso es todo, tienes que entender lo que les sucedió como niños". Camas le dirigió una extraña mirada. “Y no digas nada sobre la influencia de la mente, general.” Skirata no le dio ni un mott[14] sobre la paga. Ocho años en Kamino entrenando a fuerzas especiales para el ejército clon de la república le habían hecho rico, y si le daban más créditos, eso estaba bien; tendría un buen uso para ellos. Pero lo que más deseaba en ese moemnto y lo que le haria feliz seria regresar con los oficiales de CSF[15] mostrándoles lo útil que era con un cuchillo de lucha, no estaba seguro de llevar una vida civil suave cuando sus hombres luchaban en una guerra desesperada y sangrienta. Y esperaba volver con ellos. Ni siquiera tuvo la oportunidad de despedirse cuando de repente se dirigieron a Geonosis. Había durado cinco días miserables sin ellos, días sin propósito, días sin familia. “Muy bien” dijo Camas. “Estado de asesor especial, puedo autorizarlo, supongo.” Skirata no podía ver las caras de los comandantes detrás de sus visores, pero sabía que lo estarían observando cuidadosamente. Reconoció algunos de los esquemas de pintura de sus armadura Katarn: Jez del escuadron Aiwha-3, Stoker de Gamma y Ramfrom Bravo en el techo. Escuadrones incompletos: grandes bajas de Geonosis, entonces. Su corazón se estremeció. Empezó a caminar hacia adelante. Llegó a los escudos blaster, y Jez tocó su guante con su casco. “Me alegro de verte tan pronto, Sargento.” "No podía quedarme lejos," dijo Skirata. "¿Estás bien?" "Me muero de risa con este trabajo." Camas gritó: “Sargento, ¿y si ellos abren fuego?” “¡Entonces ellos abren fuego!” Skirata alcanzó las puertas y se volvió de espaldas a ellas por unos momentos, sin miedo. "¿Tenemos un trato o quieres que me mate con ellos?, porque no saldré a menos que garantices que no habrá retribución." A Skirata le pareció que Camas podría ser el que disparara contra él en ese momento. Se preguntó si sus comandos obedecerían esa orden si se las dieran. No le habría importado si lo hubieran hecho. Les había enseñado a hacer su trabajo, independientemente de sus propios sentimientos. “Tienes mi palabra” dijo Camas. "Considérese en el Gran Ejército y discutiremos cómo vamos a desplegarlo usted y sus hombres más tarde. Pero primero, ¿Podemos hacer que todos vuelvan a la normalidad, por favor?” “Le escuchare hasta la última palabra, General.” Esperó a las puertas unos instantes. Las dos hojas de duracero reforzado se separaron lentamente. Entró, aliviado y regresó a casa por fin. No, Camas realmente necesitaba entender lo que les había sucedido a estos hombres cuando eran niños. Tenía que hacerlo, si quería hacer frente a la guerra que se había desatado. No sólo sería peleada en el planeta de alguien más. Se pelearía en cada rincón de la galaxia, en cada ciudad, en cada hogar. Era una guerra no sólo de territorios, sino de ideologías. Y estaba totalmente fuera del filósofo mandaloriano de Skirata: pero era su guerra independientemente, porque sus hombres eran su instrumento, quisieran o no. Un día, él les devolvería algo que los Kaminoanos y la República habían robado de ellos. Él lo juró. ¡Ord'ika! Llamó. “Ordo, has vuelto a ser un chico travieso, ¿no?, ven aquí...”

[5] Cuy’va Dar era mando’a para “Aquellos que ya no existen.” Se les dio ese título a los 100 sargentos que entrenaron a los clones.

[6] Los aiwha son majestuosos reptiles que sobrevuelan los cielos de Naboo y Kamino, siendo el primero de estos, su planeta de origen. Se desenvuelven muy bien dentro del agua como en el aire. Tanto los gungan como los kaminoanos han logrado domesticarlos y los usan como transporte aéreo y acuático.

[7] Acondicionar un lugar cerrado para que los sonidos que se producen dentro de él no pasen al exterior o que los del exterior no entren.

[8] Comparable a “ellos” aruetiise (ah-roo-ay-TEE-say)

[9]Metal fuerte transparente, como si fuera cristal, usado en toda la galaxia para la construcción de partes transparente de naves y edificios.

[10] Especie nativa del planeta Sriluur. Contaban con una dura piel que les ayudaba a resistir el fuego de blaster, haciéndolos perfectos como guardaespaldas, cazarrecompensas y sobre lo que se destacaban más: piratas, siendo Hondo Ohnaka uno de los piratas más conocidos.

[11] Acronimo en ingles de Head-Up Display, una pantalla que desplegaba información al usuario ya sea sobre el estado de una nave o daba ayuda en situaciones de guerra.

[12] También conocido como flimsipast, flimsy o plast y en otras ocaciones como plastifino o plastipapel era uno de los soportes de escritura más populares. Hojas de acrílico del grosor de un cabello eran casi transparentes, se hacían recopilaciones de tomos en pasta dura, impresión de copias de archivos informáticos e inclusive para confeccionar batas desechables en hospitales. El plastipapel era reutilizable pero se disolvía en líquidos.

[13] Mandalorianos, Mando’ade que significa “hijos de Mandalore”.

[14] Pequeñas criaturas parecidas a un pequeño hipopótamo que residen en Naboo, cuadrúpedos, robustos, herviboros y excelentes nadadores. Los Gungan y los depredadores del planeta se alimentan de ellos, que sobreviven debido a su gran tasa de natalidad.

[15] La Fuerza de Seguridad de Coruscant. Por sus siglas en ingles.