viernes, 28 de junio de 2019

CAPITULO IV : Una victoria vacía



Los relámpagos iluminaban la noche mientras el fuerte viento mecía los pastizales en los alrededores y a lo lejos los relámpagos iluminaban el cielo nocturno.
Una tormenta estaba por llegar.
Los dos hombres se miraban fijamente, apretaban con fuerza sus puños y controlaban la respiración mientras se ponían en posición de combate. Sus respectivos corazones latían con fuerza mientras la adrenalina se esparcía por su cuerpo.
Los relámpagos volvían a iluminar el campo de batalla. Las siluetas de los combatientes se tornaban blancas por instantes para inmediatamente regresar a la oscuridad.
El aroma del petricor llenaba el ozono. El aire comenzaba a ionizarse. El ambiente se sentía eléctrico. Los dos luchadores se prepararon para lanzar sus respectivos proyectiles de energía.
El Hadoken y el Tiger shot se encontraron en el aire e impactaron entre sí, provocando una impresionante explosión de energía.
Ryu aprovecho la confusión causada para saltar encima de Sagat, quien apenas pudo esquivar el poderoso puñetazo dando un pequeño salto hacia atrás y preparo una patada que el joven japonés rechazo con una defensa igual de poderosa: poniendo sus brazos en posición de “x”. Abrió sus brazos lanzando rápidamente la pierna del tailandés y arremetió contra él con un codazo al pecho. Sagat dio unos pasos hacia atrás e inmediatamente recibió nuevamente un impacto en la clavícula con el puño izquierdo de Ryu.
Ahora el guerrero japonés atacaba mucho más violento, más agresivo que la vez que lo marco, pero había algo raro en él… durante su combate anterior los golpes eran más poderosos y también más certeros, ¿acaso…? Sagat se concentró, no era tiempo de pensar, y si había una debilidad que explotar…
Nuevamente un relámpago ilumino a los oponentes… Sagat estaba de rodillas mientras Ryu esperaba algún contrataque… y así fue. El gigante se lanzó hacia Ryu con su “rodillazo tigre” pero este ya tenía una contramedida lista, dio un salto y giro en el aire dejando su pierna derecha en una posición de 90 grados con respecto al resto de su cuerpo, era su “patada huracán” que impacto 3 veces en el cuerpo de Sagat.
Una vez más mordía el suelo. El espectro de la derrota lo perseguía, pero se negaba a perder nuevamente. Se levantó y limpio la sangre de su boca, levanto los puños y avanzo lentamente.
El pastizal se doblaba con cada paso que daban, pero ellos apenas se percataban. Su mente estaba enfocada únicamente en obtener la victoria. La pausa termino rápidamente, el guerrero tailandés lanzo una poderosa patada al rostro de Ryu quien puso su brazo a modo de defensa, Sagat giro media vuelta y volvió a atacar con otra patada, ahora sacando de balance a Ryu, pero sin causar ningún daño importante. El ataque continuo con un codazo que impacto el hombro del contrincante, por fin un daño real. Era el momento de probar su nuevo movimiento que había entrenado arduamente… el soplido del tigre.
Dio una poderosa zancada, curveo su cuerpo y efectuó el poderoso puñetazo que lanzo a Ryu por el aire, cayendo con fuerza.
Sagat cayo con gracia al pasto y vio como el japonés luchaba por ponerse de pie, pero solo conseguía ponerse de rodillas. Algo raro, pensaba Sagat, porque el combate anterior Ryu aguanto mucho más castigo físico sin rendirse. ¿Qué estaba ocurriendo? Sagat se percató de esto y no pudo evitar sentirse un poco molesto. Aparto los pensamientos de su mente y se preparó para volver a efectuar el “soplido del tigre”, se acercó, pero se dio cuenta que ahora Ryu estaba preparando su shoryuken. Era una competencia.
Los puños se levantaron en el aire, pero solo uno fue quien cayo resulto vencedor.
A pesar de su aparente debilidad, el shoryuken de Ryu prevaleció.
Sagat estaba sorprendido, en verdad este era el más grande rival que jamás haya combatido, pero había algo mal, se estaba conteniendo y Sagat lo sabía en el fondo de su corazón. Se levantó y nuevamente embistió a su rival, quien lo recibió con una patada en la quijada seguido por un fuerte puñetazo en el estómago.
Los golpes hubieran dado la victoria a Ryu, pero no los efectuaba con la precisión ni con el poder que caracterizaban al joven luchador.
Sagat estaba molesto, estaba perdiendo ante un oponente desconcentrado. Si el anterior combate fue humillante, este era peor.
Los relámpagos volvían a iluminar el cielo.
Sintió como la ira empezaba a cegarlo, y ataco en un desorganizado ataque, que Ryu aprovecho para propinarle una serie de patadas, que, a pesar de impactar en el torso del gigante, carecían del poder suficiente para detenerlo. volvía a sorprenderlo con un puñetazo, pero la ira le permitió aguantar el castigo el tiempo suficiente para golpear su cráneo con las palmas de sus manos, como si hubiera dado un poderoso aplauso.
Ryu cayo de rodillas ante el poderoso impacto y Sagat lo pateo en el rostro. Cayo al suelo y Sagat se aproximó a él, lo levanto sujetándolo por la cabeza y le dio una tremenda patada que lo lanzo varios metros lejos de él.
-¡¡Levántate!!
Gritaba desesperado Sagat. Anhelaba este momento desde hace mucho y no podía creer que hubiera terminado.
Ryu tembloroso se levantó, pero volvió a caer de rodillas. Era el fin de la pelea.
-Maldito, no me puedes hacer esto.
Ryu no dijo nada, solo le devolvía la mirada. Fue entonces cuando una poderosa luz ilumino completamente a Sagat.
Era el helicóptero v22 que tenía la puerta posterior abierta, y en ella estaba postrado Balrog, el boxeador quien le gritaba.
- ¡Sagat, vámonos, Bison nos necesita!
- ¡Lárgate! Tengo asuntos inconclusos aquí.
-Esto es más importante que tus asuntos inútiles. Ha surgido una situación en Sudamérica.
El luchador tailandés estaba dispuesto a ignorar una orden directa del mismo Bison, las consecuencias no le importaban en ese momento. Estaba a punto de consumar su venganza contra…
Miro a Ryu, quien aun estando de rodillas le devolvía la mirada…
- Condenado seas Sagat, es un maldito código blanco.
Esta no era la venganza que había estado esperando, miro su la palma de su mano y la llevo directo a su cicatriz. Ryu pudo ver ese gesto… la batalla aún no había llegado a su fin, pero por el momento, Sagat tenía que conformarse con una pírrica victoria. Se lanzó directo a las puertas del helicóptero, junto a Balrog, y rápidamente tomo su asiento, como si se encontrara solo en el compartimiento de la aeronave.
Sagat medito sin decir una sola palabra durante el transcurso del viaje.
Sabía que Ryu no había combatido con todas sus fuerzas, no estaba concentrado. ¿Acaso se estaba burlando de él? ¿No lo consideraba digno de una revancha? No. Ryu no parecía esa clase de persona… Más bien parecía preocupado. ¿Qué clase de problema era capaz de amedrentar a un guerrero como él? De no ser por la llegada de Balrog, lo habría asesinado… habría matado a un hombre indefenso. ¿Así planeaba recuperar su honor? Al final de cuentas había obtenido su victoria… pero no era más que una victoria vacía.

Llegaron rápidamente a la base secreta de Shadaloo ubicada en la reserva ecológica de kaieteur, entre Venezuela y la Guyana. Los luchadores saltaron cuando el helicóptero apenas se estaba estabilizando en el aire antes de aterrizar.
La base había sido penetrada.
Los luchadores entraron al interior del complejo oculto entre las montañas. Era realmente irónico como un lugar tan pacifico, tras hermoso podía ocultar a uno de los carteles criminales más peligrosos que el mundo haya conocido. Las puertas automatizadas se abrieron automáticamente gracias al avanzado sistema de reconocimiento facial, dándoles acceso al gris emplazamiento, paredes metálicas en su totalidad, lleno de salas en su mayoría laboratorios a los cuales se podía acceder también por puertas automatizadas y con enormes ventanales donde se podía monitorear el interior de estos.
En el interior de una de tantas salas había rastros de lucha, mobiliario destruido, así como rastros de botellas de químicos y líquidos regados en el suelo. No muy lejos de allí encontraron los cuerpos inconscientes de un par de chicas en el suelo. Apenas eran unas muchachas y vestían un uniforme que le parecía extraño a Sagat: un entallado leotardo azul con rayas verticales y unas pequeñas hombreras, así como un brazalete negro en el brazo izquierdo. Lo más extraño en el leotardo es que tenía un cuello de tortuga y una pequeña corbata amarilla. Unas medias de un color azul oscuro, así como unas gorras que parecían casi iguales a la que usaba Bison, a excepción de que estas eran completamente azules y no rojas.
Así que el mítico ejercito personal de M. Bison era real. Muchachas de no más de 17 años listas para cumplir los más oscuros crímenes que Shadaloo mandara, o más bien, que su amo ordenara.
Pero quien hubiera pasado por esta base tenía que ser alguien en verdad peligroso para dejar tiradas a este cuerpo militar de elite.
-Las “muñecas” de Bison.
Parecía que Balrog tenía más conocimiento de los turbios movimientos de Shadaloo de lo que aparentaba.
-Quien sea que haya pasado, si logro hacerle esto al ejercito personal de Bison… es peligroso.
El boxeador ingreso a las profundidades de la base mientras el gigante tailandés seguía estupefacto por el recién descubrimiento y verificaba que las jovencitas estuvieran bien.
Las chicas aun respiraban, por lo que Sagat se dispuso a seguir a Balrog, pero nunca había estado en esa base, no sabía cómo era su estructura, avanzo por el metálico pasillo atravesando laboratorio tras laboratorio, pero no había rastro del boxeador, sentía que estaba dando vueltas en círculos. Una luz roja encendía repentinamente acompañada de una señal de alarma, a su lado pasaron corriendo varios científicos de avanzada edad con largas batas blancas, Sagat sujeto a uno de ellos del brazo.
- ¿Qué ocurre?
-Es la señal de autodestrucción, tenemos menos de 10 minutos para evacuar.
Pero Sagat no podía irse así nada más, siguió avanzando por el mismo camino de dónde venían los científicos hasta llegar a la sala de control que estaba lleno de ordenadores. Entro por la enorme puerta cuando vio el cuerpo inconsciente del boxeador y a su lado, en la computadora central, estaba el intruso, un soldado norteamericano. Vestía un pantalón militar verde y un chaleco militar flak ligero de color amarillo dejando ver su poderosa musculatura, además de un par de botas oscuras. Su rubia cabellera estaba peinada de forma extravagante: un gran mechón enfrente y cortado en puntas por atrás.
El hombre era extrañamente apuesto para ser un supuesto soldado, y parecía que las gafas que tenía puestas solo eran un accesorio cosmético. Pero si había derrotado a Balrog era mucho más peligroso de lo que Sagat pensaba.
El misterioso hombre tecleaba en la computadora, cuando el gigante tailandés decidió hacerse presente.
-Aléjate de esa consola.
El hombre se giró sorprendido
- ¿Por qué no me atacaste cuando tenías el elemento sorpresa?
Sagat golpeo la palma de su mano izquierda con su puño derecho.
-Porque de esa forma no es divertido.

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